EE UU ha abandonado el acuerdo nuclear entre Irán y otras cinco grandes potencias -Rusia, China, Reino Unido y Alemania- firmado en julio de 2015. Las consecuencias dependerán del grado de las sanciones de EE UU, así como la más que posible respuesta de Irán.
El tratado, en vigor desde hace dos años, tiene limitaciones de entre 10 y 25 años sobre el programa nuclear iraní. El presidente de EE UU, Donald Trump, anunció su retirada de este tratado al tiempo que impondrá nuevas sanciones, que aún no ha concretado. Dependiendo del grado de éstas, las consecuencias para las empresas que hagan negocio tanto en Irán como en EE UU podrían ser desastrosas, hasta el punto de tener que decidir entre salir de EE UU, la primera potencia del mundo, o tener que dar por perdidas todas las inversiones en Irán.
Las primeras consecuencias se han registrado en el petróleo, con una subida de más del 2,3%, hasta superar los 76 dólares por barril en la jornada de este miércoles. De esta forma, alcanza niveles no vistos desde 2014.
La UE, de momento, ha ratificado el tratado, e incluso con la retirada de EE UU. No obstante, la preocupación es máxima sobre los posibles movimientos de empresas europeas, que se encuentran ahora en un escenario de incertidumbre y bajo la amenaza de sanciones por parte de EE UU. De esta forma, podrían incluso congelar las inversiones en el país de Oriente Medio o bien abandonar definitivamente el país. Asimismo, Irán podría endurecer su postura anunciando una represalia. De momento, no se han concretado sanciones, aunque se esperan duros castigos a las empresas que hagan negocios con Irán por parte de EE UU.
Irán también se encuentra dividida entre la facción radical y moderada. Éstos últimos defienden el tratado, mientras que los primeros abogan por acelerar el programa nuclear, provocando fuertes tensiones geopolíticas.
El levantamiento de las sanciones a Irán y sus compromisos en el tratado
El tratado, con más de 100 páginas, contiene limitaciones de entre diez y 25 años de diferentes aspectos del programa nuclear, la comunidad internacional, incluyendo Estados Unidos, levantó en 2016 las sanciones que castigaban la economía iraní. Los principales puntos del acuerdo, llamado en inglés “Joint Comprehensive Plan of Action” (Plan General Conjunto de Acción, JCPOA), pasan por un compromiso de Irán de no enriquecer uranio por encima del 3,67% durante al menos 15 años. El uranio para fines pacíficos sólo requiere de un enriquecimiento de hasta el 5% mientras que para alimentar un arma nuclear se requiere que ese material se purifique hasta el 90%.
Además, Irán se compromete a reducir en unos dos tercios sus centrifugadoras y pasará de tener cerca de 19.000 de éstas a 6.104, y de ellas, solo 5.060 podrán enriquecer uranio en los primeros 10 años. Todas estas máquinas serán el tipo IR-1, centrifugadora de primera generación y por tanto obsoletas.
Irán reduce así sus reservas de uranio empobrecido de 12.000 a 300 kilos durante 15 años, y a no construir nuevas instalaciones con el propósito de enriquecer uranio durante ese mismo periodo de tiempo. Con estas medidas se pretende que el tiempo que requeriría Irán si quisiera adquirir suficiente material fisible para alimentar un arma atómica pasará de los actuales 2 a 3 meses a, por lo menos, a un año.
Por otro lado, el país de Oriente Medio modificará la planta de Fordo de modo que ya no pueda enriquecer uranio allí durante al menos 15 años. Irán sólo podrá enriquecer uranio en la planta de Natanz, con sólo 5.060 centrifugadoras de primera generación durante los primeros diez años. Además, se compromete a retirar durante diez años su maquinaria más avanzada. Además limitará la investigación y el desarrollo de maquinarias avanzadas, imprescindibles para purificar uranio.


