La ingeniería fiscal de las multinacionales como Google, cuya sede en Madrid ha sido registrada por agentes de la Agencia Tributaria en busca de pruebas por no tributar por el IVA y evasión fiscal, estaba bajo la lupa de la Agencia Tributaria y de Bruselas desde hace tiempo.
Y es que, por ejemplo, Google España afirma que tuvo una facturación de 55 millones y ganó 6,5 millones, y pagó los dos millones de euros correspondientes en impuestos en nuestro país. No obstante, tanto la Agencia Tributaria como los organismos de Bruselas consideran que los ingresos de Google son más elevados y que la tecnológica se sirve de la ingeniería fiscal para evitar el pago de impuestos.
Para ello Google y el resto de tecnológicas y grandes multinacionales crean una compleja estructura societaria desplegada en varios países, incluidos algunos con una tributación mucho más ventajosa que en la mayoría de países de Europa.
Según expertos fiscales consultados por INTERECONOMÍA.COM, la técnica más usada es el «camino a Irlanda», aunque advierten que Bruselas trata de bloquearlo. En este sentido, la empresa crea dos filiales en Irlanda, cuya tributación oficialmente del 12,5%, aunque no se descarta que haya pactos secretos entre Gobiernos y empresas, como ocurrió con LuxLeaks.
El siguiente paso es domiciliar una de esas filiales en una ciudad irlandesa y la otra en un paraíso fiscal que tenga un convenio especial con Irlanda. Una vez creado el entramado, la filial europea en Irlanda factura al resto de filiales afincada en los países del Viejo Continente, pero los beneficios se dejan en la filial del paraíso fiscal.
La otra forma es el sandwich holandés. Con la ley irlandesa de su parte, que le permite que el pago de royalties esté exento de impuestos si se abona a otra empresa europea. Para ello, Google crea una sociedad en Holanda, Google Netherlands Holdings B.V., sin empleados y solo con un administrador único. Desde Holanda se cobran los royalties a la filial de Irlanda y después transfiere el dinero a otra filial de Google, situada en el paraíso fiscal, cuya tributación por sociedades llega sobre el 3%. Esta filial no tiene por qué hacer públicas sus cuentas, por lo que se desconoce su facturación o sus beneficios.
¿Por qué Holanda?
Holanda tiene régimen fiscal especial para los holdings empresariales, y además ya tiene acuerdos de doble imposición en algunos territorios denominados paraísos fiscales.
Para que el entramado societario cierre el círculo, Google crearía una cuarta sociedad, una filial en uno de estos paraísos fiscales con convenio con Holanda. La empresa puede tener cero empleados y solo debería contar con un administrador.
A esta sociedad irían a parar los dividendos y plusvalías desde Irlanda. Este movimiento está exento de impuestos, siempre y cuando se realice a otro país europeo. Así, la filial de Irlanda los pasaría a la de Holanda tras abonar los royalties a la filial en los paraísos fiscales. Y es que Holanda permite este traspaso si se abona un 2% de impuestos.
De esta forma, los beneficios y royalties se trasladarían en primer lugar a la filial del paraíso fiscal montada en Irlanda, mientras que los dividendos y plusvalías se trasladarían a la filial del paraíso fiscal creada desde Holanda. Los dos países europeos y de la Eurozona serían meros intermediarios.
No obstante, en estas transacciones se debe repecutir el IVA, motivo por el que podrían coger a Google a facturar menos ingresos de los obtenidos en España. Lo mismo serviría para el resto de tecnológicas.


