«El Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid dejará de utilizar paulatinamente glisofato para el control de las malas hierbas en los parques y zonas verdes de la ciudad«. Así se ha expresado el Ayuntamiento de Madrid, dirigido por Manuela Carmena, para sumarse a la campaña contra Monsanto, un gigante mundial de pesticidas.
La razón que Carmena esgrime es un estudio del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud, que alertó en marzo del pasado año del «potencial cancerígeno» de este producto ha decidido aplicar el principio de prevención, y dejar de utilizar este herbicida progresivamente. No obstante, pese a esta advertencia, Bruselas está a favor de su uso.
«El uso de este químico está contemplado en el contrato integral de gestión de parques y viveros municipales, actualmente en vigor y adjudicado por el anterior equipo de Gobierno, y de forma legal», afirman desde el Ayuntamiento de Madrid, pero es que el glifosato se incluye en el mismo grupo que el «el café o los teléfonos móviles». «En noviembre del 2015, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria consideró poco probable que los productos fitosanitarios que contiene el glisofato fueran cancerígenos», afirmaba.
Pese a ello, Carmana se escuda en el “principio de prevención” por lo que desde Madrid Salud se mantiene el criterio de «evitar la utilización de productos fitosanitarios que contengan glifosfatos» al menos hasta que no haya un informe concluyente.
Países como Francia, Holanda, Italia y Suecia han manifestado su rechazo a esta propuesta de la Comisión Europea, que podría acordar la renovación de este producto. Recientemente, Greenpeace inició una recogida de firmas a las que solo se han adherido 90.000 personas, pero la organización es «un grito» de la ciudadanía en contra de este producto, muy utilizado por Monsanto, una compañía en el punto de mira de estas organizaciones. El herbicida Roundup de Monsanto, cuya sustancia activa es el glifosato, es el pesticida «más vendido» del mundo.
Si fracasa la renovación, «no solo peligra la venta de glifosato sino también la de las semillas transgénicas que son tolerantes a este herbicida. Su veto en la UE cerraría definitivamente la opción de autorizar cultivos transgénicos tolerantes al glifosato» en su territorio. Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) «concluyó en noviembre de 2015 que no existe evidencia científica de la relación del glifosato con el cáncer».
Un total de 96 científicos independientes «criticaron el informe de la EFSA y muy recientemente la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Medioambiental y Laboral también expresó sus preocupaciones sobre la seguridad del glifosato».


