Las declaraciones de Raffaele Cantone, presidente de la Autoridad Nacional Anticorrupción en Italia (ANAC), sobre la corrupción en las universidades italianas que ha provocado la fuga de cerebros, han levantado la polémica en el país.
Después de que la ley estatal, que prohibía que los familiares directos no pudiesen dar clases en las mismas facultades dónde estuviese otro miembro de la familia, haya prescrito la polémica se reaviva. Ante esta situación, el presidente de ANAC ha declarado «que hemos descubierto que hay miembros que evidentemente han encontrado una forma de eludir la ley.»
Desde entonces, hay muchos informes que llueven sobre su mesa: «Estamos abrumados.» Las cartas denuncian sospechas de mal desempeño de las competencias de los profesores en las universidades italianas. Son tantas las reclamaciones como para que Cantone dijese que «existe una gran relación entre la fuga de cerebros y la corrupción.»
El problema, en el que ha hecho hincapié en Cantone, es que las competencias universitarias no se llevan a cabo de una manera completamente transparente, como lo demuestran los innumerables informes. El magistrado no expresó juicios, si afirmó que existe una gran cantidad de quejas que reflejan un malestar que daña todo el sistema académico.
Clima de sospecha
El clima de sospecha que rodea a cada competencia menoscaba gravemente la reputación de que las universidades italianas, que tienen fronteras fuera del país, por lo que se alimenta la fuga de cerebros. Para Raffaele Cantone hay que nutrir la confianza de los estudiantes extranjeros para que puedan ocupar un lugar en las universidades italianas.
También, Cantone añadió, que la razón por la que se debe resolver el problema, es que la «Universidad es un derecho y el futuro de todos los ciudadanos».
Con sus declaraciones Raffaele Cantone metió el dedo en la llaga, reabriendo un debate que nunca ha muerto en Italia, y es la relación que existe entre el problema de la corrupción en el país y las instituciones universitarias.


