Una inusual tranquilidad reina en La Habana, donde el habitual bullicio y ajetreo de sus calles ha mutado en una apagada calma en el segundo día de luto nacional, mientras los cubanos digieren la pérdida de Fidel Castro.
Con la muerte del comandante y mientras duren el luto, la bulliciosa isla, en contraste con los bailes y júbilo desbordantes de las celebraciones del exilio en Miami, se mantendrá silenciosa, enmudecido el son que habitualmente invita a los turistas al contoneo.
El duelo nacional decretado por las autoridades se traduce así en sobriedad tanto figurada como literal, pues además del cese de «actividades y espectáculos públicos», hasta el próximo 4 de diciembre, fecha del entierro de Fidel Castro en Santiago de Cuba, rige ley seca en el país.
Las tiendas informan mediante carteles de que no venden bebidas alcohólicas, y tampoco los bares y restaurantes podrán servir estos días los célebres mojitos, daiquiris y combinados de ron típicos de Cuba.
Suspendido también quedó el campeonato cubano de pelota o béisbol, el deporte nacional
Desde este lunes y hasta última hora del martes las cenizas del exmandatario permanecerán en el memorial a José Martí, en la Plaza de la Revolución, para que los cubanos puedan acudir a despedirse del carismático hombre que rigió los destinos de Cuba durante casi medio siglo, venerado y denostado a partes iguales.
En ese escenario tendrá lugar la tarde del martes un acto popular en el que, a falta de confirmación oficial, se prevé que estén las personalidades llegadas a la isla caribeña.
Será el momento más institucional de la semana de exequias, pues no se espera que participen delegaciones internacionales en el entierro en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, fijado para el 4 de diciembre.
