El Gobierno de Nicolás Maduro pretende perpetuarse en el poder con la Asamblea Constituyente de este domingo. La oposición lleva más de 90 días en las calles y ha convocado una huelga general de 48 horas, a la que se ha sumado la patronal.
Maduro ya ha asegurado que se celebrará la Constituyente aunque “llueve, truene o relampagueé”. La oposición, por su parte, está en las calles dejando muertos, heridos, y centenares de detenidos. Si no hay un claro proceso de diálogo y Maduro no frena sus planes, Venezuela entrará en un conflicto civil que podría desembocar en una guerra interna.
El Ejecutivo de Maduro usará la inconstitucional Constituyente para reformar la Carta Magna, cerrar la Asamblea Nacional, elegida democráticamente en las urnas y en manos de una mayoritaria oposición, cesar a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y encarcelar a los dirigentes de la oposición. Es decir, una dictadura.
Desde el anuncio de la Constituyente, han muerto asesinadas más de 100 personas a manos de colectivos y policía militarizada. Asimismo, la oposición ha celebrado su propio referéndum, al que acudieron 7,5 millones de venezolanos para mostrar su rechazo a la Constituyente. Era la llamada “Hora Cero” contra el régimen chavista, según recoge El Diario de las Américas. La oposición continúa en las calles y no da su brazo a torcer, al tiempo que en el Parlamento ha nombrado a 33 magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). El colofón final contra la Constituyente se realizará el viernes, con la «toma de Caracas».
«Prepárense para la semana que viene. El paro de 24 horas no fue nada comparado con lo que viene, guarden la comida necesaria”, pidió el viernes 21 de julio el ex diputado y portavoz de la alianza opositora, Andrés Velásquez, según recoge el citado diario.
El chavismo respondió con la detención de tres jueces nombrados por la Asamblea Nacional, siguiendo la amenaza de Maduro: «todos van a ir presos, uno por uno, uno detrás de otro, y a todos le van a congelar los bienes, las cuentas y todo».
El ex presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha tratado de calmar la situación dialogando con Maduro y con la oposición, representada por Leopoldo López. «La mayoría de escenarios entre seres humanos son de cooperación y conflicto. Se tiene que entender entonces que todo conflicto debe terminar en un necesario escenario de conversaciones. Sin embargo, el desastre político y económico del país, limita esa agenda de conversaciones a un único punto: un cronograma ordenado de salida del régimen de la forma más rápida posible», escribió el pasado domingo el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski.
Maduro alterna sus amenazas de cárcel con invitaciones a negociar. «Yo estoy listo (…) para llegar a un acuerdo de paz, de convivencia nacional y a un ciclo de diálogo y conversaciones en función de los intereses de Venezuela», afirmó.
Pese a la presión internacional, encabezada por el presidente Donald Trump, y el reclamo de la mayoría del país, el Jefe de Estado redobla la apuesta y ratifica que su Constituyente avanza “ahora más que nunca”. Si ninguno de los trenes frena antes del domingo, el temido choque será una realidad.


