Según avanza el mes de agosto, los mercados reciben buenas noticias económicas que les ayudan a escalar pese a las incertidumbres geopolíticas que todos conocemos. Los datos de empleo norteamericanos de los últimos dos meses , muy por encima de lo esperado, refuerzan el optimismo. Incluso el dato de crecimiento del segundo trimeste, un magro 1,2%, contiene un robusto comsumo privado, 4,2%, y un crecimiento de las rentas salariales del 2,5%. Todo apunta pues a un crecimiento sostenido en la primera economía del mundo. La FED podría tener la base fáctica para normalizar tipos en Septiembre, aunque esa es una fecha muy próxima a las elecciones presidenciales de noviembre y nadie se sorprendería de que la FED quisiera un perfil plano dado el tono de la campaña. Pero todos sabemos que solo una normalización de la FED abrirá una ventana de que la crisis ha quedado atrás y se empieza a pasar pagina.
La segunda economía del mundo, China, mantiene un crecimiento ligeramente por debajo del 7% previsto. Sus problemas son conocidos y todo está preparado para recibir al reminbi en el club de los Derechos Especiales de Giro del FMI: estabilidad por este frente.
Los Emergentes siguen recibiendo fondos ávidos de rentabilidad, mientras en los Desarrollados no disminuye sino que aumentan los estímulos monetarios y por tanto tipos bajos: el más reciente el BCE por el Brexit. El dinero tiene pues un destino claro para ganar algo, y ese dinero ayudará a relanzar a las economías con mayor potencial de crecimiento.
Ahora hablemos de la arena
El sistema bancario europeo, pese a ser el supuesto beneficiario de la abundante liquidez , pierde rentabilidad en un mercado de tipos cero o negativos, como lo hacen los fondos de pensiones y las aseguradoras. La abundancia de liquidez no acaba de arrancar la inversión , lo que indica que el sector privado duda de sus beneficios futuros.
Estas dudas llegan a las bolsas de manera intermitente, cuando la liquidez deja ver las modestas proyecciones de beneficios, y así la volatilidad en las bolsas impide que la sensación de riqueza cale. Además, la creación de liquidez depende tanto de los Bancos Centrales como del sistema bancario privado, pese a que algunos piensan que incluso más. El pequeño crecimiento del M3 condiciona el crecimiento nominal de la economía: este nudo gordiano de la economía europea necesita solución, es decir, una intervención pública que concilie las nuevas demandas de no rescatar bancos con dinero público, con el papel esencial de los bancos en la creación y canalización de la liquidez a empresas y familias. Algo nos está diciendo el hecho de que los bonos públicos de los países UE paguen un interés menor al tipo nominal de intervención de sus Bancos Centrales. Pero no parece que sepamos cual es el mensaje.
Sin embargo, los dos grandes motores del crecimiento mundial,de la última década parecen dispuestos a tirar del carro: el Estado chino y el consumidor norteamericano. El primero para mantener el contrato social de prosperidad con partido único; el segundo porque ha bajado sus deudas y le están subiendo los salarios.
La UE no acaba de encontrar su camino para hacer que su liquidez llegue al consumidor: ni sus salarios crecen lo suficiente, ni su demanda de crédito es lo alegre que sería deseable. Una vez más parece que le faltan instrumentos o le sobran cautelas. Los países anglosajones pioneros y adalides del capitalismo tiene instrumentos públicos de intervención de los que los continentales europeos carecen: EE.UU con un poderosísimo banco hipotecario público impulsa la propiedad privada de la vivienda como un objetivo político social cuyas perdidas financia el Estado periódicamente y todos tan contentos; el BCE acaba de ofrecer a sus bancos financiación directa si elevan sus préstamos al público para compensarles de sus bajos tipos de interés. Nada de grandes respetos al funcionamiento de los mercados precisamente en los dos países supuestamente más capitalistas del mundo.
Alemania hace algo parecido pero solo para ella. Su sistema de bancos públicos regionales financian a su extraordinaria red de empresas industriales, periódicamente el Estado a través de los Landers paga la cuenta, hoy a un coste de tipos de interés negativo. Parece que Italia ha decidido hacer lo propio en la recapitalización de su sistema bancario, pero no parece que estemos ante un cambio de los criterios de ayudas públicas que se aplicaron a Irlanda y compañía. El modelo español de que sean los tribunales los que justifiquen el pago del Estado consigue los mismos resultados, pero los inversores no parecen reconocerlo a juzgar por las cotizaciones bursátiles de los bancos . La UE no reducirá sus daños colaterales si la estrategia es hacerse trampas en el solitario.


