Restauradores y vecinos se manifiestan en las puertas del Ayuntamiento de Barcelona, regido por Ada Colau, tras la supresión de terrazas en las zonas más turísticas de la Ciudad Condal.
El gremio de restauradores y asociaciones de vecinos han exigido a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, el «respeto» que se merecen los camareros, los más perjudicados por una ordenanza que eliminaba de facto las terrazas en las aceras. Las criticas contra Colau y Barcelona en Comú Podem se han extendido por el centro de Barcelona, hasta llegar a la sede del Ayuntamiento.
Els restauradors denuncien pèrdues econòmiques i de llocs de treball per la gestió de les terrasses. pic.twitter.com/XHxShJWkjR
— Barcelona Oberta (@BarcelonaOberta) 28 de octubre de 2016
El Gobierno de Barcelona ha aplicado la ordenanza de terrazas para dejar espacio libre para el paso de los ciudadanos, pese a la oposición de Asociaciones de Vecinos y los propietarios de bares. Según la ordenanza, los bares tendrían que cumplir una serie de requisitos casi imposible para poder instalar las terrazas en las puertas de sus establecimientos.
Las terrazas suponen el 40% de los ingresos de bares y restaurantes, un dinero con el que se crea empleo. Los bares que no puedan hacer frente a estos requisitos solo tienen dos alternativas: el cierre del local por caída de ingresos o el despido de personal para reducir gastos.
Hay ya más de 1.500 terrazas que han recibido el aviso para reducir el número de mesas. Ante ello, el gremio de la restauración y asociaciones de vecinos se han movilizado contra el Ayuntamiento. Los comerciantes tienen el apoyo de algunos concejales de la antigua CiU.
La guerra se ha vuelto a abrir tras el incumplimiento del teniente de alcalde de Empresa, Cultura e Innovación de Barcelona, el socialista Jaume Collboni, quien se comprometió a modificar la ordenanza el pasado mes de junio y aún no se ha hecho.
Asimismo, Colau tiene ahora solo el apoyo de la CUP para aprobar nuevas leyes municipales, entre las que se encuentran los Presupuestos. La alcaldesa de una de las marcas blancas de Podemos tiene los pies y manos atados para sacar adelante las cuentas, por lo que no se descarta una nueva crisis política en la Ciudad Condal.


