Argentina vuelve a revivir los fantasmas del pasado. El Gobierno de Mauricio Macri negocia un préstamo de 30.000 millones con el FMI para hacer frente a la deuda externa, mientras el peso se hunde frente al dólar.
Macri trata a toda costa de controlar el mercado de divisas en Argentina, pero necesita ahora de nuevo la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI). En 2001, el Gobierno argentino negoció con durísimas condiciones un crédito con el FMI que acabó con un corralito debido a los duros requisitos del organismo dirigido por Christine Lagarde.
Macri ha anunciado la negociación de la línea de crédito con el FMI para afrontar la fuerte caída del peso en los últimos días frente al dólar. La divisa argentina se ha depreciado, más después de subir los tipos de interés a una tasa del 40%. Según Macri, este rescate permitirá «fortalecer» el programa de «crecimiento» de su Gobierno, enfrentar el «nuevo escenario global» y evitar una nueva «crisis». Según Bloomberg, el crédito alcanzaría los 30.000 millones, un montante equivalente al 5,4% del PIB.
Los acuerdos con el FMI siempre han perjudicado a Argentina
En las últimas décadas, la relación de Argentina con el FMI no ha sido de color de rosa. En 2006, tras tres años de crecimiento económico, Kirchner canceló de golpe toda la deuda que Argentina tenía con el organismo para, gracias a esa independencia, poder evitar las presiones que buscaban un plan de ajuste para sacar al país de la suspensión de pagos en la que entró cinco años antes.
En 2013, el Fondo alertó de la poca fiabilidad de las estadísticas macroeconómicas argentinas y Fernández se negó a que los informes del organismo fueran publicados. Con la llegada de Macri en 2015, el país normalizó sus relaciones. Tanto cambió el panorama que el pasado marzo la directora gerente del FMI, Christine Lagarde visitó Buenos Aires y elogió las políticas de Macri.
«Mayor pobreza, hambre y exclusión», las consecuencias del temido corralito
«El Gobierno recurre al FMI y vuelve a replicar un modelo económico atado a las recetas de mayor ajuste. Una vez más tenemos que decir que esto ya se probó en la Argentina y los resultados fueron mayor pobreza, hambre y exclusión», ha afirmado Jorge Taiana, que fue canciller durante los Ejecutivos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015).
En el mismo sentido se ha pronunciado Unidad Ciudadana, que encabeza la ex presidenta, actual senadora. La decisión significa para ellos un «grave retroceso» porque los acuerdos con el FMI «siempre fueron perjudiciales» para el pueblo, por lo que exigen que el acuerdo sea discutido en el Congreso.
En declaraciones a Efe, Mariano Di Maggio, asesor de banca privada de InvertirOnline.com, consideró que «el fantasma del pasado» siempre está presente pero confió en que «la capacidad técnica del Gobierno va a estar a la altura de las circunstancias».
«Argentina sigue obteniendo financiación y estando presente en los mercados internacionales, pero es importante conocer la letra chica del contrato (con el FMI)», consideró Di Maggio, quien opinó, al igual que Dujovne, que el FMI «ha cambiado» y no es el de 20 años atrás, ya que con la crisis internacional de 2008 ayudó a países «en situaciones muy complicadas».
En un mensaje difundido por la Presidencia poco después de la apertura de mercados -que confirmaron el fuerte ascenso del dólar-, Macri insistió en que Argentina es uno de los países que más depende de la financiación externa por el «enorme gasto público» heredado del kirchnerismo.
Así, apostó por continuar con una política gradualista para, sin descuidar a los sectores vulnerables y seguir creciendo, equilibrar ese «desastre» en que a su juicio dejó las cuentas el anterior Ejecutivo.
Para el analista económico Ramiro Castiñeira, las exigencias del FMI estarán encaminadas a ahondar en el gradualismo pero cumpliendo lo acordado, lejos de los requerimientos de ‘shock’ de años atrás.
Principalmente, la caída del peso es atribuida a la subida de los tipos de interés de Estados Unidos, algo que afectó a otros países y ha abierto la vía a la salida de grandes capitales de los mercados emergentes.
«El anuncio del acuerdo puso un marco de certidumbre a cómo se va a financiar Argentina en los próximos dos años«, remarcó Castiñeira, convencido de que, si bien las siglas siempre recuerdan al 2001, el Gobierno eligió pagar ese «costo político» para asegurar estabilidad económica hasta las elecciones presidenciales del año próximo.
Si bien la mayoría de analistas descartan que la situación sea la misma a 2001 en el país, que lleva varios meses seguidos con la economía en alza, el Gobierno no consigue erradicar la todavía alta inflación, un problema que intensifica la dependencia que del dólar tienen los argentinos, hartos de los vaivenes del peso.
«Tengo mal pronóstico. Creo que si no estalla una crisis financiera, estalla una crisis social. O ambas», remarcó a Efe el economista Pablo Tigani, que cree que el Gobierno debe llamar a la oposición y hacer «un gobierno de coalición».
Pero con la oposición fuertemente dividida no se augura que eso llegue a darse.
No obstante, mañana se debatirá en el Congreso un proyecto de opositores para frenar los fuertes aumentos de tarifas de los servicios públicos dispuestos por el Gobierno, que de aprobarse supondría un millonario costo y que el propio Macri, que planea vetarlo si se aprueba, ha tachado de demagógico


