El presidente de la Generalitat, Quim Torra, escribió en 2007 un libro de corte autobiográfico en el que critica la globalización, las multinacionales y a sus directivos. Además en él dice sentir nostalgia por el sistema empresarial de antes de la caída del Muro de Berlín. El sustituto en el Govern de Carles Puigdemont publicó hace once años un libro titulado ‘Ganivetades suïsses. Viatge (d’anada i tornada) al cor del management i del capitalisme salvatge’ (‘Navajazos suizos. Viaje (de ida y vuelta) al corazón del ‘management’ y del capitalismo salvaje’). En estás páginas Torra manifiesta su recelo con el sistema económico actual y su rechazo al ‘capitalismo salvaje’ vigente y pide valores sólidos como los anteriores a la caída del muro de Berlín, el de los años 70 y 80: «entonces se iba a trabjar y a ganarse un sueldo, sin trampas, y todo el mundo sabía a qué se jugaba».
Torra recomienda a sus lectores «Buenos Días, pereza, de Corinne Mayer, ya que considera que esa es la actitud que deben tener los trabajadores, ya que las grandes empresas se han quedado sin alma, haciendo apología del «antitalento» y expresa que «trabajadores, dedicaros a vosotros mismos u no a la empresa».
Según desarrolla el líder separatista, la globalización y el «capitalismo salvaje» que han impuesto por el «estatus quo» sólo llevan la «bajeza moral» y a una «espiral suicida», por lo critica a las multinacionales, a sus directivos y a la cultura anglosajona.
El presindent compara a las grandes empresas con gigantes y cita a Karl Marx, y critica que el «crecimiento nos centrifuga» y asegura que el sistema necesita líderes empresariales que «lo aguanten todo» y sean como «fürhers». «El mundo será global pero las empresas se han empequeñecido más que nunca», concluye.
Torra trabajó nada menos que 20 años en Winterthur hasta su marcha en 2008 y ha olvidado el principio básico del negocio de seguros: hay que dar confianza al cliente para que contrate el producto. En su lamentable soflama de investidura en el Parlament, impropia de cualquier político occidental moderno que aspire a gobernar a toda su población, Torra no hizo ni un guiño para conseguir que las empresas de sus antiguos compañeros y, sobre todo, las más de 3.800 que han abandonado Cataluña desde el 1-O puedan regresar sin correr el riesgo de colapso financiero.
