Con 89 años, en 2019, quizás decida jubilarse. Pero de momento, el todopoderoso Bernie Ecclestone va a permanecer en su actual puesto de mandamás y cabeza visible de la Fórmula 1 durante tres año más. Y seguirá no porque él lo imponga, sino porque los nuevos propietarios de Liberty Media, empresa que ha comprado el Mundial por casi 4.000 millones de euros, le quieren tener cerca.
Bernie Ecclestone sabe demasiado y controla absolutamente todo sobre el Mundial de Fórmula 1 desde los años 70, cuando llegó a este mundo al comprar los derechos televisivos y comerciales de la prueba. John Malone, el hombre fuerte de Liberty, le ha pedido que no se vaya y que aguante un poco más para facilitar la transición. Y Bernie ha aceptado. Serían más de 40 años al frente de la Fórmula 1, donde ha desarrollado una gestión empresarial de lo mas rentable.
El pequeño multimillonario londinense es sinónimo de poder. Excéntrico, mujeriego, estrafalario, le llaman el patrón, el zar o Mister Big, términos que dejan claro su autoridad y mando. Y él lo lleva con orgullo porque sabe que su labor ha sido clave en el cambio de cara para bien que ha vivido el automovilismo.
Lleva muchos años viviendo en la opulencia y rodeado de lujos, pero Ecclestone tuvo una infancia de lo más humilde al ser hijo de unos sencillos pescadores. Desde joven le entusiasmaron los coches y soñaba con ellos, por lo que empezó a venderlos cuando tenía 20 años. Siempre avispado y con ganas de comerse el mundo, llegó a la Fórmula 1 para ser el mánager de Johan Rindt.
Ya dentro del circo automovilístico, adquirió la escudería Brahbam y metió definitivamente la cabeza en la toma de decisiones de la Fórmula 1, donde empezó a ver con claridad lo que hasta entonces todo el mundo había pasado por alto: que las escuderías podían ganar muchísimo dinero si vendían de otra manera sus derechos de imagen.
Ya con mucho peso y mientras era presidente de la FOCA, la asociación que reúne a todas las escuderías,fundó la empresa Formula One Promotions and Administration , con la que en 1979 adquirió los derechos comerciales de la Fórmula 1. Pero el acuerdo que sorprendió a todo el mundo fue el que realizó en 2005, cuando compró por 360 millones de dólares y por un tiempo de 100 años los derechos comerciales y de explotación de la Fórmula 1. Aunque hay que destacar que comparte el 49% de estas ganancias con los equipos, que mientras sigan ganando dinero cada temporada están encantados con la gestión de Ecclestone.
Los problemas también llamaron a la puerta del todopoderoso gestor de una de la competiciones que más beneficios genera. A principios de 2000 varias empresas quisieron entrar en el negocio de la Fórmula 1 y Ecclestone les cerró el paso. Fue acusado de monopolio y se vio obligado a dividir capitales, que se repartieron entre Formula One Group y la salida a bolsa a través del fondo de inversión SLEC. Bancos y fondos tan poderosos como Bayerische, J.P.Morgan Chase o Lehman Brothers mostraron interés y se hicieron con el control de las acciones para acabar con su dominio.
Ecclestone, a través del fondo CVC Capital Partners, logró que Bayerische, uno de los bancos que compró acciones, le vendiera su parte para, de esta manera, volver a recuperar el control de la empresa. Pero aparecieron movimientos turbios, como un soborno de 34 millones de dólares a Gerhrd Gribkowsky, banquero de Bayerische, para aceptar la venta de acciones que le permitía volver a tener el poder.
Gribkowskym acusó a Ecclestone, que tuvo que renunciar a la gerencia de Formula One Management para centrarse en su juicio, en el que acabó reconociendo que había pagado, pero bajo la presión de un chantaje. Ecclestone pagó 100 millones de multa para dar carpetazo al caso y mantenerse con el control de la empresa que tiene los derechos de la Fórmula 1, un negocio que mueve 6.000 millones de dólares al año en contratos publicitarios.
Su pasión por la Fórmula 1 le lleva a permanecer todos los fines de semana que hay competición en un lujo motorhome plateado conocido como El Kremlim. Desde allí controla todos los detalles de los grandes premios, desde la posición de los camiones de las escuderías a los stands donde se vender merchandasing de las firmas o los bares que se disponen en los circuitos. Todo tiene que estr bajo su estricto control.


