Ni los bajos tipos de interés ni la menor concesión de crédito. El verdadero problema de la banca tiene nombre propio: Basilea III, la nueva regulación impuesta por los bancos centrales para evitar que los ciudadanos tengan que asumir el coste de las quiebras bancarias.
Es el verdadero motivo por el que la banca ha visto mermados sus márgenes y sus beneficios. No cumplir con los requisitos de capital, el colchón de reservas y el límite de apalancamiento supone la restricción para abonar dividendos, recomprar acciones o incluso el impago de bonus a la cúpula directiva.
La banca tenía que reforzar su capital, sus ratios de solvencia, tener un fuerte colchón del 2,5% de capital, y limitar el apalancamiento, entre otros puntos de la nueva regulación. La banca europea, incluida la española, ha achacado a estos requisitos de Basilea III la caída en los beneficios y la fuerte reducción de márgenes.
Este martes, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha admitido este problema y se ha mostrado partidario de «cerrar cuanto antes» esta normativa para iniciar una «pausa regulatoria» que relajaría las condiciones a la banca.
En su intervención en la inauguración del VII Encuentro Financiero Expansión KPMG, Linde se ha mostrado a favor de que la normativa obligue a las entidades que asuman más riesgos a acumular más capital para sobrevivir en caso de quiebra, y evitar así que los contribuyentes tengan que rescatarla, como en la reciente crisis.
En cualquier caso, Linde advirtió de que alcanzar de aquí a fin de año un acuerdo para calibrar el capital regulatorio mínimo que deberán tener las entidades «no será sencillo», pero dejó claro que «no nos podemos permitir un escenario de no acuerdo» y tampoco «cerrar en falso» Basilea III.
La citada normativa regulará entre otras cosas, la cuantía mínima de capital que deberán atesorar las entidades en caso de quiebra, y actualmente están negociando la forma de calcular lo que en el argot bancario se llama activos ponderados por riesgos o APR.
Según explicó Linde, las reformas de la normativa deben evitar generar «un aumento significativo de los requerimientos de capital de forma generalizada«, que sí afectaría a los bancos que apliquen «modelos internos de medición de los riesgos de forma agresiva o inapropiada».
«No se deben esperar aumentos de requerimientos de capital en los modelos estándar», añadió. «Los bancos centrales y supervisores que nos reunimos en Basilea tenemos el reto de alcanzar un modelo que mantenga un equilibrio adecuado entre la sensibilidad al riesgo y simplicidad y comparabilidad», dijo.
Alcanzar un acuerdo de aquí a final de año no será sencillo, pero «Basilea es una construcción muy valiosa que debemos preservar si queremos preservar un sistema bancario global«, zanjó.
