La embotelladora Coca-Cola European Partners (CCEP) recoge entre los factores de riesgo que pueden afectar el rumbo de la compañía en 2018 la situación de «inestabilidad política en Cataluña y España». Se da la circunstancia que uno de sus mayores accionistas, la familia Daurella, siempre ha coqueteado con los independentistas.
Así figura en el Informe Anual sobre Gobierno Corporativo de la empresa presidida por Sol Daurella enviado hoy por la compañía al regulador bursátil, en el que la compañía analiza en detalle una treintena de factores que pueden impactar negativamente en su negocio en el próximo año.
En el documento, los responsables de la firma apuntan que la situación catalana derivada del desafío independentista «podría afectar a los beneficios y las operaciones» de la embotelladora.
«CCEP está expuesta a riesgos asociados con la inestabilidad política en Cataluña y su potencial impacto en la economía española», explican.
En su relato de lo ocurrido, se recuerda que el Gobierno catalán «declaró unilateralmente la independencia para iniciar la separación de España» en octubre de 2017, tras lo que el Ejecutivo central «suspendió» sus poderes y convocó elecciones en diciembre.
Como consecuencia de los comicios, «los partidos a favor de la independencia formarán otra vez Gobierno en Cataluña», señala el informe.
Sus autores alertan de que la situación «podría continuar y conllevar un período prolongado de incertidumbre a nivel político, social, económico y operativo para CCEP, sus clientes y consumidores», y advierten de que el conflicto tendría consecuencias en el turismo, el consumo privado y en materia de normativa legal.
«Aunque improbables, eventos como huelgas y continuas manifestaciones podrían provocar cortes o retrasos en la producción y la distribución» de sus productos, añade.
Relación con el independentismo catalán
La familia Daurella, uno de los máximos accionistas de esta distribuidora de Coca-Cola, siempre ha simpatizado con los independentistas. Incluso llegó a apoyar el movimiendo ‘Diplocat’ y las redes sociales pidieron un boicot a la famosa bebida.
Eso sí, su dinero lo puso a buen recaudo cuando las cosas comenzaron a radicalizarse en Cataluña.
Su marido, Carles Villarrubí, dimitó como vicepresidente del FC Barcelona porque exigió que el club catalán no jugará el 1-O tras la actuación de la Guardia Civil y Policía Nacional para reestablecer el orden constitucional en Cataluña tras el desafío del reréndum ilegal convocado por los independentistas.
