Algunos bares de Cataluña, sobre todo de comida rápida turca, india y paquistaní, importan Coca-Cola elaborada y fabricada en otros países, como Holanda. Estas bebidas están fuera del control de Coca-Cola España, pese a que todas las latas europeas pertenecen a Coca-Cola Iberian Partners.
Asimismo, las importaciones de estas latas de refresco se han realizado a través de «duty free«, es decir, están libres de pagar impuestos, pero se venden a un precio superior al del mercado, por lo que engrosan el beneficio. Las latas escapan al control de trazabilidad, ya que no se han consumido en España, y su comercialización afecta directamente al resultado de la compañía en España.
Las entradas de Coca-Cola de importación se han extendido en los últimos años. Los propietarios de estos restaurantes buscan maximizar el beneficio mediante la bebida, sin importar la procedencia de la misma, más cuando la propia empresa asegura que todas los refrescos son iguales una vez salido de la fábrica. No obstante, en este mercado los precios por un mismo producto difieren de un sitio a otro, siendo más baratas las unidades de Holanda o Dinamarca, más si no pagan los respectivos impuestos.
Estas latas aparecen por la compraventa entre particulares a través de Internet. Las compras se realizan sobre partidas de otros lugares europeos, que curiosamente son más baratos que en España. En este sentido, mientras una lata en España ronda los 35 céntimos, en otras zonas se pagan a 0,28 euros, un montante que se paga por realizar grandes pedidos.
El sabor de las latas difiere de la fabricada en España, debido principalmente a las condiciones de almacenamiento o incluso a la proximidad de la fecha de caducidad. También han aparecido este tipo de latas en máquinas de vending, cuyo precio es sensiblemente superior a los de una gran cadena comercial o tiendas minoristas, pero por la que se ha pagado un precio más bajo para colocarla, maximizando así el beneficio.
La lata de la imagen, comprada en un establecimiento de Barcelona, pertenece a la filial holandesa y destaca el logotipo «duty free» -libre de impuestos-. En 2009, la entrada de estos productos en España supuso para la filial de Coca-Cola un rejón del 4% en las ventas, se volvieron a detectar casos en 2012, pero parece que continúa esta forma de comercio. Las medidas impuestas por Coca-Cola no han servido aún para paralizar estas importaciones, por lo que cabría preguntarse por qué no iguala precios en Europa.
