La multinacional israelí ICL ha decidido cerrar definitivamente «por motivos económicos» la producción de la mina de Vilafruns, situada en los municipios de Sallent y Balsareny (Barcelona), en la que trabajan más de 400 personas de plantilla y de empresas subcontratadas.
Precisamente, en esta mina murieron el pasado mes de junio dos operarios de una subcontrata, con pocos días de diferencia, al caerles encima unas rocas de grandes dimensiones.
En un comunicado, ICL justifica la decisión por razones estrictamente económicas: por el cierre temporal de algunos mercados debido al impacto de la COVID-19, que ha comportado una caída del precio de la potasa, y por los «altos costes» de extracción del mineral en este yacimiento.
«Todo ello ha llevado a la decisión de no seguir explotando esta mina», asegura ICL, que no hace mención a a la muerte en junio de dos empleados de la empresa externa Montajes Rus, que a su vez ha presentado un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para despedir a sus 66 trabajadores.
La actividad de Vilafruns está parada desde el pasado 25 de junio, cuando se produjo el segundo accidente mortal, por decisión de ICL, que cesó la producción y nombró a un grupo de expertos para reevaluar las medidas de seguridad.
El sindicato CCOO ha expresado su rechazo al cierre, una decisión que ve «totalmente oportunista», después de los últimos accidentes mortales y «en medio de la situación de pandemia».
El presidente de ICL Iberia, Carles Aleman, ha reconocido que ha sido una decisión «muy compleja», analizada con mucho cuidado, y ha agregado que el cierre definitivo «no puede ser ninguna sorpresa» porque ya estaba previsto en 2015.
El yacimiento, no obstante, «no cerrará del todo», según ICL, ya que un grupo de personas seguirán trabajando en operaciones de seguridad y mantenimiento para tareas de ventilación y retirada de maquinaria.
ICL Iberia es la filial de ICL Group en España, tiene su sede en Cataluña y es la única compañía productora de sal y potasa en el país.


