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La Reina Letizia junto al presidente de Honor del BBVA, Francisco González, en acto institucional.

El fantasma del Windsor se le vuelve aparecer a Francisco González

El 12 de febrero de 2005 un pavoroso incendio destruyó el edificio Windsor, en Madrid. Desde el primer momento se levantaron muchas teorías sobre lo que había sucedido. Entre ellas los famosos papeles de FG Inversiones Bursátiles, propiedad de Francisco González, de su venta a Merrill Lynch. Ahora, ese fantasma se le vuelve a aprecer al presidente de Honor del BBVA.

Moncloa.com ha tenido acceso en exclusiva a documentos en los que el comisario José Manuel Villarejo anotó, en un resumen del trabajo realizado para el BBVA, una acción final” con una frase contundente: Eliminar rastros documentales de la Firma de Auditoría DEL”.

El Windsor era uno de los rascacielos del corazón financiero y de negocios de Madrid, en el complejo Azca, curiosamante a pocos metros de la antigua sede central del BBVA en el Paseo de la Castellana, sólo separados por El Corte Inglés.

El edificio Windsor, reducido a cenizas, también fue pasto de las elucubraciones sobre su aparatoso final. La revelación que sale a la luz ahora gracias a moncloa.com, catorce años después, obliga a la revisión total de este suceso, ya que Villarejo se atribuye presuntamente la destrucción de estos documentos clave de FG Inversiones Burśatiles, según la información de moncloa.com

En la noche del 12 de febrero la alarma antiincendios alertó a los vigilantes del edificio que, más tarde en la en la instrucción judicialde clararon que se originó en la planta 21ª, donde uno de los vigilantes llegó asgurar que una llama que ascendía desde el suelo desde uno de los despachos.

Lo más curioso de todo es que en poco tiempo el fuego se descontroló de forma muy rápida y ascendió, hasta acabar con el derrumbe de las plantas superiores a la 21. A la espectacularidad del incendio se sumó la grabación de unas imágenes por vecinos de la zona en la que se podían ver lo que parecían personas dentro del edificio. Los informes técnicos señalaron que se trataba de reflejos que provenían de la calle, proyectados sobre los cristales del edificio, lo que se llamó en el argot popular el fantasma del Windsor.

Peor hubo más y nadie dio explicaciones. Una vez apagado el fuego, y tras revisar las ruinas, salió también a la luz que se había realizado un butrón en la planta que daba al garaje. Por el agujero apenas cabía con dificultad una persona delgada y fue realizado de dentro hacia afuera. En aquel momento se especuló con que alguien lo hiciera sencillamente para comprobar qué había al otro lado, pero es otra de las incógnitas de este siniestro.

Varias fueron las líneas de investigación. En primer lugar, la posibilidad de un atentado, tanto de ETA como yihadista. Por otro intereses económicos, tanto de la familia Reyzábal, dueña de un edificio que pedía a gritos una reforma estructural y muy costosa como de Francisco González, debido a los famosos documentos de la venta de FG Inversiones Bursátiles a Merrill Lynch en poder de la auditora Deloitte.

Las oficinas centrales de Deloitte en España estaba precisamente en ese edificio. También se sabía que en sus manos se encontraba una documentación muy sensible: el soporte documental con el que se realizó la auditoría de la firma FG Valores, vendida a Merrill Lynch en 1996, asegura moncloa.com.

Anticorrupción había pedido los documentos de FG a la auditora Deloitte

La Fiscalía Anticorrupción había pedido estos documentos a la auditora Deloitte un día antes del siniestro. Lo que investigaba el ministerio público podía poner en un serio aprieto al presidente del BBVA, Francisco González, conocido por todos como FG, igual que la empresa que vendió a Merrill Lynch en los noventa.

Deloitte, continúa moncloa.com. confirmó a la Fiscalía lo que todos daban ya por hecho, que los papeles habían sido destruidos en el imptresionante incendio del Windsor.

La investigación debía aclarar si en la operación de venta de FG Valores a Merrill Lynch pudo haber un desfase contable de 757 millones de pesetas de la época, equivalente a 4,5 millones de euros. El resultado podía ser dinamita pura en el ataque organizado en aquellas fechas para hacerse con el poder del banco por parte de Sacyr, aliado con las antiguas familias de Neguri, el exclusivo barrio bilbaíno, cuna de los accionistas históricos del banco Bilbao-Vicaya (BBV).

La CNMV, aunque las presuntas irregularidades en la venta de FG fueron denunciadas ante el organismo de control bursátil, archivo el caso y fue entonces cunado pasó a la Fiscalía Anticorrupción, lo que podía desestabilizar completamente la posición de Francisco González, que se encontraba muy presionado en su puesto por el intento de salto de Luis del Rivero, Sacyr, Juan Abelló, Miguel Sebastián, y el propio vicepresidente de la CNMV de aquel año, Carlos Arenillas.

Pero lo que no se sabía entonces es que el BBVA de Francisco González había contratado al comisario José Manuel Villarejo, asegura Moncloa.com. Tampoco era conocido hasta qué punto usó sus servicios para desestabilizar el asalto de Sacyr y neutralizar los ataques que pudiera recibir, como han revelado los documentos publicados por MONCLOA.COM.

El banco de Francisco González no contrató a los mejores asesores financieros para defenderse del ataque. Contrató los servicios de un policía, que desplegó un impresionante dispositivo para controlar comunicaciones telefónicas, realizar seguimientos personales e intentar extorsionar a aquellas personas que consideraba relevantes en la operación.

BBVA pagó a Villarejo, solo entre 2012 y 2017, unos cinco millones de euros.Una cantidad altísima, abonada incluso cuando el comisario ya estaba en prisión, que ahora cobra un nuevo sentido a la luz el documento sobre la “acción final”, que pone el foco sobre el incendio del Windsor. Los pagos de los años anteriores no están claros aún, aunque MONCLOA.COM publicó borradores de contratos por este proyecto de investigación por al menos 510.000 euros.

Tampoco se sabía entonces que este despliegue defensivo estaba protagonizado por quienes habían tenido altas responsabilidades en la Policía. Villarejo, como atestiguan los documentos, trató de estos trabajos para el BBVA con su jefe de seguridad, Julio Corrochano, que había sido comisario de la Comisaría General de Policía Judicial.

El último “rastro documental” que quedaba de la venta de FG Valores a Merrill Lynch era el que sirvió de base para realizar la auditoría de Deloitte. Si había existido el presunto desfase contable de 757 millones de las antiguas pesetas, las pruebas se encontraban ahí.

Al día siguiente, continúa la información de MONCLOA.COM, de que Anticorrupción le pidiera los documentos a la compañía auditora, los papeles se convirtieron en humo en el incendio del edificio Windsor. Asimismo, un día después de que se apagaran los últimos rescoldos del incendio, Sacyr decidió abortar el asalto a la cima del BBVA.

Lo que sí se hizo oficial un mes y medio más tarde es que la auditora Deloitte comunicó a la Fiscalía Anticorrupción que los documentos que le había pedido de la auditoría realizada a FG Valores se habían quemado en el incendio de la torre Windsor. Sólo existía documentación en papel y no había copias.

Además del rastro que dejó Villarejo en estos documentos, MONCLOA.COM tiene conocimiento de que, entre la ingente documentación sobre el BBVA, se encuentra una carpeta llamada ‘W’ en la que guardó una extensa recopilación de las noticias aparecidas en la prensa sobre este suceso, particularmente la investigación sobre la causa del fuego.

El misterio sobre el origen del incendio no se resolvió nunca. De nada sirvieron los recursos contra el cierre de la instrucción judicial presentados por Deloitte, y el resto de perjudicados por el incendio. El juzgado de instrucción 28 de Madrid dio carpetazo al asunto “al no aparecer debidamente justificada la perpetración de acción penal”. Deloitte y otros perjudicados en el incendio, como Ason Inmobiliaria, la dueña del edificio, pidieron que siguieran las indagaciones, ya que, en su opinión, quedaban por cerrarse informes periciales, visionado de imágenes o declaraciones de los empleados de limpieza.

Nunca se hizo. La culpa fue de una colilla mal apagada.

 

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