La Guardia Civil registra domicilios, empresas y despachos de abogados supuestamente implicados en la trama del fraude de los turistas británicos a los hoteleros simulando falsas intoxicaciones alimentarias.
La operación se ha realizado tras el alarmante incremento de las denuncias falsas contra hoteleros por parte de turistas británicos con el fin de pasar unas vacaciones a gastos pagados. La práctica ilegal, denunciada por los propios establecimientos y la patronal, consistía en hacerse pasar por una víctima de una intoxicación alimentaria para que después el hotel corra con la cuenta debido a que las denuncias se tramitaban en Reino Unido, cuya legislación es muy permisible en estos casos. El perjuicio para los hoteles alcanza los 50 millones de euros con este fraude viral entre turistas, alentados por firmas de abogados sin escrúpulos, denominadas «claim farms».
En este operativo se han practicado varias detenciones, según apuntan fuentes a Crónica Global. La actuación de la Guardia Civil se ha centrado en Palma y Calvià tras la denuncia de varias cadenas hoteleras por este fraude.
Uno de los hoteles perjudicados ha recibido cerca de 1.000 reclamaciones falsas. El hotel había aportado grabaciones para demostrar que las intoxicaciones alimentarias eran falsas, por lo que ahora los denunciados se pueden enfrentar a delitos de asociación ilícita y estafa.
Esta figura se especializó inicialmente en reclamaciones por accidentes en las vías públicas, y posteriormente amplió su actividad a nuevas áreas de negocio, como los accidentes de tráfico, la venta de productos financieros durante la crisis, los vuelos retrasados y, más recientemente, las reclamaciones de los turistas contra los touroperadores. La mayoría de estas compañías se encuentran radicadas en el norte de Inglaterra, al igual que los bufetes de abogados asociados.
La estafa se lleva a cabo mediante falsas intoxicaciones alimentarias, que son reclamadas a los touroperadores y éstos a su vez se las exigen a los hoteles, que han pagado 60 millones de euros.
Bajo el paraguas de la permisiva ley británica, las llamadas “claim farms“, protegidas por el sistema británico de reclamaciones, hacen su agosto a costa de los hoteleros españoles. Se acercan a los turistas británicos dentro de los hoteles, en la piscina o en el comedor, y les proponen fingir una indisposición para reclamar al hotel la correspondiente indemnización. El papeleo se realiza en Reino Unido y la ley les da de plazo tres años para interponer la reclamación al touroperador, que paga a las “claim farms” y a su vez reclama al hotel el dinero correspondiente bajo la amenaza de no volver a trabajar.
Ante este fraude masivo el Gobierno británico por fin está moviendo ficha y criticando a sus compatriotas que se aprovechan de estos engaños para disfrutar de una estancia sin abonar una libra.


