La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, anunciaba más pronto que tarde «el fin del diesel» en España. Sería el primer país del mundo en hacerlo, utilizando a España como una cobaya en un laboratorio. Las consecuencias: 40.000 parados.
Así lo ha puesto de manifiesto la asociación Anfac, que ha alertado de las graves consecuencias en empleo, industria y cambio climático de los posibles vetos a esta tecnología. La cifra de vehículos diesel en España ronda los 17 millones, y el Gobierno penalizará tanto la compra como el combustible, con impuestos y medidas restrictivas.
Según los datos de Anfac, la asociación de fabricantes, la producción anual de este tipo de vehículos alcanza los 1,2 millones al año, por lo que ha puesto de manifiesto las graves consecuencias e implicaciones de las palabras de Ribera, que este martes anunció el «fin del diesel», aunque sin concretar fecha.
La producción de vehículos en España representa cerca de unos 110.000 millones anuales, el 10% del PIB, y emplea al 9% de la población activa, casi dos millones de personas, según sus datos.
«La incertidumbre solo puede provocar que perdamos oportunidades de nuevas adjudicaciones de modelos y con ello, que nuestra industria se debilite gravemente», ha afirmado, José Vicente De Los Mozos, presidente de Anfac. «Las plantas en España trabajan cada día en la adecuación de sus líneas de producción, para integrar cuanto antes las exigencias normativas medioambientales y todas las mejoras tecnológicas». «Hasta 10.000 millones de euros invierten las compañías de automoción en el país en los últimos cuatro años, enfocadas en nuevas tecnologías y en innovación», ha considerado.
Ribera abrió la guerra contra el diesel después de reunirse con la patronal
El presidente y el vicepresidente ejecutivo, Mario Armero, se reunieron el martes por la tarde con Ribera para presentarles “la estrategia de la industria de la automoción y establecer con ella un clima de trabajo y normalidad”, ha afirmado. En la misma, se hizo hincapié en «la necesidad de trabajar conjuntamente en un nuevo modelo de movilidad cero y bajas emisiones; en atacar el envejecimiento del parque automovilístico y en desarrollar el mercado para el vehículo alternativo, con medidas concretas como la normativa del gestor de carga o la puesta en marcha del programa VEA de estímulos a la compra de vehículos híbridos, eléctricos y de gas».
Todo ello para trabajar en la descarbonización del transporte y un nuevo modelo de movilidad y bajas emisiones”. “Queremos trabajar en una agenda conjunta, que vaya más allá de meras manifestaciones y que favorezca este tipo de movilidad, junto con una nueva industrialización de las plantas españolas con modelos de bajas emisiones y tecnología de alto valor añadido”, aseguró Armero
«Los fabricantes están preparados para adaptarse a las políticas medioambientales y sociales, como ya han demostrado en el pasado, pero se necesita una transición ordenada y una gestión adecuada de estos cambios”, afirma el vicepresidente. Los desarrollos tecnológicos han hecho posible que “los automóviles actuales puedan considerarse de ultra bajas emisiones respecto a los de hace tres o cuatro décadas”*. No obstante, el incremento del parque en las ciudades y la creciente preocupación ciudadana por los efectos de la calidad del aire sobre la salud, imponen nuevos retos que deben ser afrontados recurriendo a nuevas mejoras de los sistemas convencionales y, sobre todo, a la renovación del parque.
Los 14,5 millones de vehículos de más de 10 años que circulan por España emiten un 90% más de emisiones de NOx y partículas que los actuales. No hay ninguna iniciativa europea que tenga un calendario de prohibición de vehículos nuevos diésel, ni de vehículos de combustibles fósiles. Todas las que existen, están relacionadas con el establecimiento de una fecha, a medio-largo plazo, para la prohibición de los vehículos más antiguos, que son los responsables de la mayor parte de las emisiones, así como una de las principales causas de siniestralidad, pese a que es el estado de las carreteras el principal motivo de los accidentes.
Por otro lado, la contribución de la tecnología diésel a la reducción de CO2 y a la mitigación del cambio climático es fundamental, por ser la tecnología más eficiente y accesible del momento. Si las compras de vehículos gasolina se disparan en detrimento del diésel, España tendrá dificultades de cumplir sus objetivos de reducción de emisiones de CO2 fijadas por la Unión Europea
