Prisa cotiza en zona de mínimos históricos en los 2,07 euros por acción. El desplome desde los máximos de hace 10 años es del 99,6%, del 60,57% desde el cierre del 2016 y del 31% solo en la primera parte de junio.
El grupo presidido por Juan Luis Cebrián, editor de El País, aún no ha vendido Santillana, la joya de la corona ante la falta de una oferta atractiva para reducir su abultada deuda. A finales de mayo rechazó las ofertas vinculantes recibidas, pero la operación es vital para la continuidad de una empresa ahogada por las deudas. Prisa encargó a Goldman Sachs buscar compradores, se habló con Telefónica, pero la operadora, también con serios problemas para reducir deuda, declinó la oferta.
Con todo, Prisa presenta caída tras caída en Bolsa en los últimos meses. Las pérdidas han puesto más que en entredicho a Cebrián, que se aferra al cargo como un clavo ardiendo, mientras los inversores ven desaparecer sus inversiones a pasos agigantados. En solo 10 años, Prisa ha pasado de los cerca de 580 euros por acción a solo 2,07 euros, con una capitalización bursátil inferior a la de Vocento, 161 millones frente a 184 millones, según los datos de la Bolsa, recogidos por Intereconomía.com.
En la última semana de cotización, Prisa se ha desplomado un 28% y desde el cierre de año el hundimiento es ya del 60,57%. Las opciones de Cebrián pasan por la venta de Santillana o de otros activos, pero no ha podido vender aún su joya de la corona a un precio razonable, dando a entender las ofertas de derribo que habrían llegado hasta su mesa.
El próximo año será crucial para el grupo, ya que los vencimientos apuntan a más de 950 millones en 2018, un elevado montante, más cuando su valor es de 6 veces menos, por lo que tendría que abonar unos elevados intereses. No será una negociación fácil, ya que el 50% de esa deuda está en manos de fondos altamente especulativos.
Estos fondos exigen el pago de deudas por encima de cualquier otra cosa, por lo que o bien Prisa ofrece una altísima rentabilidad en una hipotética reestructuración o bien se desprende de activos por valor de 1.000 millones para hacer frente a la misma, o buscar el dinero bajo una ampliación de capital, pero este montante sería muy superior al de su valor en Bolsa, por lo que no habría prima para los compradores, sino un fuerte descuento, hundiendo aún más a los actuales accionistas.


