El Banco Popular sufrirá pérdidas en 2016 debido a las provisiones que obliga a hacer la nueva normativa europea. Además, el deterioro de sus activos podría no estar bien cuantificado. Su única solución; el proyecto Sunrise.
Banco Popular atraviesa un periodo de turbulencias que se ha llevado por delante a Ángel Ron, y que amenaza con terminar en desastre si no acuden en su ayuda.
La llegada del nuevo presidente, Emilio Saracho, ha devuelto cierta confianza a los inversores, frenando una caída superior al 70% en el valor en lo que va de año. Pero la sangría en bolsa aleja cada vez más los números del banco (su valor en libros está en los 14.000 de euros) de la opinión de los inversores (la capitalización de la entidad se sitúa en el entorno de los 4.000 millones). Una diferencia que llama la atención de las grandes casas de análisis y bancos de inversión, que no se fían de las valoraciones realizadas por el propio banco.
A falta de medio mes para cerrar el año, la entidad debe provisionar casi 3.700 millones de euros, y todo apunta a que esas provisiones, para cumplir con los requisitos de la nueva normativa europea, harán entrar en pérdidas al banco este 2016. De hecho, entre enero y septiembre el banco ha ganado menos de 100 millones, una tercera parte de lo que consiguió en los primeros nueve meses de 2015. El impacto de las provisiones hará que el banco cierre en negativo 2016, y ponen en duda los beneficios de 2017.
Proyecto Sunrise
Ante este panorama se alza el Proyecto Sunrise. Un proyecto que permitiría desconsolidar del balance entre 5.000 y 6.000 millones de euros procedentes de los activos inmobiliarios, y convertirlos en una filial cotizada en bolsa.
Sunrise es la piedra angular sobre la que giraría el saneamiento de Banco Popular del negocio del “ladrillo”. Un plan que pasa por deshacerse de la mitad de los 30.000 millones de euros que supone esa exposición durante los próximos dos años, hasta 2018.
Provisiones del Banco Popular
El apartado inmobiliario le ha costado desde 2010 cerca de 800 millones de euros cada año, y las provisiones, que hicieron mella en 2012, volverán a dejar en negativo el balance del banco este 2016.
La consecución del Proyecto Sunrise serviría para eliminar de un plumazo toda la problemática en la que está sumido el Banco Popular, pero la falta de confianza podría lastrar toda la operación. Las previsiones son para el banco castillos en el aire. Entre 2017 y 2018 espera vender 30.000 millones en activos inmobiliarios; una cifra poco fiable. Ya en 2016 esperaba colocar cerca de 8.000 y se ha quedado en el entorno de los 1.500 millones de euros.
Los bancos de inversión consultados por el propio Banco Popular consideran que la valoración de los activos adjudicados para el Proyecto Sunrise es excesiva. De hecho, hacen una estimación de 3.000 millones de euros, muy lejos de las cifras que maneja la entidad española (de casi el doble), y que no serviría al Banco para paliar su necesidad de capital.
De los 6.000 millones que pretende lograr sacando a bolsa el negocio inmobiliario, cerca de 2.500 deben salir de las arcas de inversores institucionales, que comprarían deuda senior de la entidad por ese valor. El resto provendrá de los accionistas mayoritarios del Banco Popular y de la propia entidad, que compraría unos 1.500 millones en deuda subordinada.
Una operación complicada no solo porque los grandes inversores no están dispuestos a grandes sacrificios, sino porque es difícil que el regulador español permita a Banco Popular asumir la cuarta parte de su valor en bolsa en forma de deuda de su propio negocio inmobiliario.
Independencia del banco
Ante esta tesitura, desde el Banco Popular continúan negociando con los posibles inversores, pero desde la propia entidad buscan otras soluciones para mantener la independencia del banco, evitando a toda costa su venta. La llegada de Emilio Saracho ha dado confianza a los inversores y, ante el posible fracaso del Proyecto Sunrise, podrían ser ellos los que asumieran el golpe con una nueva ampliación de capital, aunque esa es otra historia…y deberá ser contada en otro momento.