Los vecinos de un pueblo valenciano estudian desconectarse del oligopolio eléctrico y crear su propia central hidroeléctrica. No se desconectarán totalmente de la red, pero sí crearán una cooperativa para ahorrar en electricidad y dejar de abonar a las eléctricas.
Se trata de Aras de los Olmos, situado al final de la red eléctrica de Valencia. Antes de la llegada de las eléctricas disponían de un molino y un gran salto de agua que abastecía al municipio. Con la llegada del oligopolio, el molino quedó en el olvido y llegaron las torres de electricidad, incrementando la factura de los vecinos. Ahora, tratarán de de unirse para formar una cooperativa y abastecerse de la energía renovable de molinos de viento, junto con la central hidroeléctrica que quieren volver a poner a funcionar.
La ley española ha puesto todo tipo de trabas al autoconsumo eléctrico, pero no se ha dado la guerra por perdida, ni mucho menos. Algunos particulares ya han instalado en sus viviendas sus placas solares, aunque aún falta para desconectarse del todo de las eléctricas y sus redes.
Para al menos evitar pagar la luz impuesta por el mercado, el pueblo valenciano estudia implementar una cooperativa, según recoge La Sexta, y poder así eludir los requisitos titánicos que exigen las autoridades. Con ello, pese a no desconectarse de la red, sí podrán abaratar el precio de sus recibos de la luz, siguiendo así los pasos de los habitantes de la Isla de El Hierro, el único que subsiste sin tener que pagar peajes ni precios disparatados por un servicio tan básico y necesario para vivir.
No es la primera acción de municipios para evitar pagar altos recibos de la luz, aunque de momento este sería el primero en la península en no depender del oligopolio eléctrico, formador por grandes empresas como Endesa e Iberdrola. Hasta ahora, los particulares pueden iniciar sus proyectos, pero no desconectar totalmente de la red, así como hay que pagar una inversión inicial importante para iniciar la desconexión total. En el caso de un autoconsumo ilegal, la multa puede llega a ascender entre los 6 y los 60 millones de euros, un disparate para un país como España que disfruta de Sol durante un largo tiempo al año.
