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El Estado Islámico usa a un niño de 10 años para amenazar a Donald Trump

El Estado Islámico usó a un niño norteamericano de 10 años para amenazar a Estados Unidos. En estos momentos las autoridades están verificando la nacionalidad del menor. 

Un niño con un rifle de francotirador afirma en un vídeo propagandístico del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) ser hijo de estadounidenses. En esa misma grabación promete derrotar al presidente Donald Trump, «el títere de los judios».

El niño, que afirma tener 10 años, se llama Yusuf y asegura ser hijo de un veterano que luchó en la guerra de Irak. Además, en la cinta explica que emigró con su madre a territorio islámico hace dos años, según informa el Instituto de Investigación de Oriente Medio. No obstante, de momento estas afirmaciones no han podido ser confirmadas.

El vídeo que está dirigido al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el menor dice que «esta batalla no va a terminar en Raqqa o Mosul», sino que «va a terminar en sus tierras por la voluntad de Alá».

Yusuf dice que «no sabía mucho sobre el Islam antes de llegar a las tierras de Daesh», pero ahora aparece sosteniendo un rifle de un francotirador.

¿Dónde capta más fácilmente el Estado Islámico a niños y adolescentes?

Las ideas radicales importadas de Oriente Medio, la pobreza y la falta de oportunidades han formado un cóctel explosivo en el sur de Filipinas, donde el yihadismo del Estado Islámico (EI) capta fácilmente a niños y adolescentes.

“Cinco antiguos compañeros de colegio con los que solía jugar hoy están muertos”, relata a Efe el joven pastor protestante Rogelio Alfaro, nacido en la conflictiva isla de Basilán, bastión de la banda Abu Sayyaf junto a las cercanas Joló y Tawi-tawi, al suroeste de Mindanao.

Los cinco jóvenes, que murieron acribillados por los soldados en recientes operaciones antiterroristas, se habían enrolado en esta organización afín al EI durante su adolescencia, atraídos por imanes locales que han llevado la radicalidad a un lugar donde el islam siempre se había practicado de forma moderada.

“Tradicionalmente hemos sido tolerantes y abiertos. Nunca veías en la calle a una mujer con la cara cubierta por el niqab”, asegura el clérigo musulmán Jaafar Kimpa durante un encuentro de Efe con líderes religiosos en Zamboanga, una ciudad de casi un millón de habitantes donde la amenaza del yihadismo está cada vez más presente.

Otro líder musulmán local, el ingeniero Ali Urao, señala sin tapujos a los causantes del problema: “una camada de académicos islámicos que, financiados por organizaciones extremistas, fueron a estudiar a Oriente Medio y países de África como Sudán”.

Apunta que “regresaron, se erigieron como líderes religiosos y comenzaron a cultivar las ideas radicales” entre los niños y jóvenes de una región donde más del 50 por ciento de la población vive en la pobreza, la educación es precaria y los escasos puestos de trabajo se pagan a menos de 200 euros mensuales.

“En Basilan si tienes dinero, una moto y armas eres respetado y popular entre las chicas. Esto es lo que brinda pertenecer a Abu Sayyaf y por eso atrae a muchos jóvenes carentes de oportunidades”, explica el pastor protestante.

Todos coinciden en que las mezquitas y madrasas (escuelas coránicas) donde se predica la violencia extremista son un pequeño porcentaje del total, especialmente en Zamboanga donde más del 60 por ciento de la población practica el cristianismo y algo más del 30 por ciento el islam.

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