El presidente de la patronal de la banca española, la AEB, José María Roldán, ha defendido hoy que el reparto de dividendos dependa de la situación real de cada banco, y ha criticado la recomendación del BCE y otras instituciones para que el sector mantenga suspendidos estos pagos por el momento.
En rueda de prensa remota para comentar los resultados obtenidos por la banca en 2019, antes de la pandemia, Roldán ha insistido en que en la retribución al accionista no vale el «café para todos» y que todas esas recomendaciones institucionales añaden «confusión» y no son necesarias.
Los bancos españoles obtuvieron un beneficio atribuido de 11.904 millones de euros en 2019, lo que supone un descenso del 18,3 % respecto al año anterior, debido fundamentalmente a las mayores provisiones y a los saneamientos de activos intangibles por importe de 4.000 millones de euros, explica la AEB.
Roldán ha pedido que no se estigmatice a la banca como industria, y ha recodado que es importante «recuperar la confianza de los inversores».
El supervisor europeo, el Banco Central Europeo (BCE), conoce la situación de cada entidad y puede discriminar y debe ser el que lo haga.
Roldán ha admitido que la banca española tiene ratios de capital más bajos que la europea, pero ha asegurado que en cuestión de apalancamiento está a la cabeza de Europa, la gestión de riesgos es adecuada y también los resultados, aunque «sería bueno mejorar» de cara al futuro.
Preguntado por la posible creación de un «banco malo» a nivel europeo, ha considerado que se trata de un instrumento útil, pero en crisis sistémicas, que no es el caso «ni por asomo», por lo que es pronto para hablar de eso.
En cuanto al aluvión de normativas de capital y de todo tipo que se aprobaron en el sector a nivel europeo tras la anterior crisis, ha considerado que los colchones de capital son un acierto, aunque se pueden simplificar, pero no tanto los colchones de liquidez, que en su opinión no se van a utilizar.
También insistió en reclamar unas normas comunes para todas las entidades, ya que algunas de ellas, como las «fintech» o «bigtech», no están sujetas al mismo nivel de exigencia que la banca tradicional y pueden salir reforzadas.
