El infierno de vivir en la Cuba de los Castro

Noticias 08/12/2016

Los turistas retroceden en el tiempo cuando llegan a la Habana Vieja, el corazón de la ciudad anclada en la revolución del 1 de enero de 1959. En Cuba no existen derechos y la pobreza impera fuera de las zonas turísticas.
La triste realidad de Cuba es que los cubanos están presos en su propio país, donde la miseria y el hambre son la tónica. La corrupción es otro de los principales síntomas que padecen. La única salida que tienen los cubanos es poder trabajar en negro -bajo pena de arresto-, con negocios relacionados directamente con el turismo.
Así, existen taxistas ilegales que cobran más de los 12 euros mensuales estipulados, un mísero sueldo para los precios de la isla. Comprar un colchón equivale al salario mensual, mientras que un guía turístico ilegal cobra esa cantidad en solo una semana.
Los precios no están acordes a este salario. Los pocos puestos que venden verduras tienen precios prohibitivos para la isla, mientras que el resto muestra estanterías vacías, pero con su correspondiente póster del asesino Ché Guevara. Uno de los ejemplos de este infierno económico es la venta de electrodomésticos, prohibida hasta antes de 2015. Neveras, televisiones y reproductores de DVD llenaban los escaparates de las tiendas y centros comerciales, pero con precios europeos. 88 euros cuesta un reproductor en Cuba, eso sí con un salario de solo 12, precios prohibitivos para la inmensa mayoría de los habitantes de la isla, pero el Gobierno lo vendió como un logro.
También los precios afectan directamente a bienes esenciales, como las medicinas. El sistema de salud envidiado por la izquierda obliga a pagar por una tableta de paracetamol el mismo precio que cuesta una caja en España, los médicos cubanos escasean en su propio país, ya que el resto por unas u otras razones ha preferido escapar de la isla para acomodarse en el extranjero, donde los salarios son muy superiores.
El socialismo acabó con la esperanza en Cuba, que tiene que importar el 84% del azúcar, pese a tener la mayor azucarera del mundo. Asimismo, tiene que pedir a EE UU el 44% de los alimentos que se consumen en la isla.
Pero los cubanos, presos del miedo o hipnotizados por la propaganda, continúan sin rebelarse contra la dictadura comandada ahora por Raúl Castro. La oposición lo tiene claro: «La propaganda es mentirosa y falsa«. Y es que, recorriendo la isla apenas existen casas en pie en las haciendas, mientras que sobreviven los carteles de «vamos bien».
Los presos políticos son otra de las crueles realidades de este régimen, donde los vecinos vigilan a otros vecinos, donde las cárceles tienen celdas de aislamiento y celdas de castigo, sin colchón ni tampoco permiten estirar completamente el cuerpo, como ocurrió en las checas españolas, un invento importado directamente desde la Rusia comunista. A los presos se les realiza todo tipo de vejaciones, como tirarles de cierta altura provocando hemorragias internas.

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