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La asombrosa exactitud de los vaticinios de Isaac Asimov

En 1964, Isaac Asimov se arriesgó a vaticinar cómo sería el mundo medio siglo más tarde. El autor del clásico de la ciencia-ficción La Fundación demostró ser poseedor del conocimiento, la capacidad de análisis y la intuición propias de un visionario. Con la dificultad añadida de tener que elaborar sus predicciones bajo la incertidumbre derivada de una guerra fría en la que se estaba decidiendo quién encabezaría el futuro orden mundial, el bioquímico creador de la psicohistoria -disciplina que, desde el análisis metódico, pretende predecir lo que nos deparará el futuro-, se confirmó como un maestro en su propia ciencia.

Una de sus predicciones más inquietantes es también una de las que se ha cumplido con mayor precisión. Asimov predijo que la población mundial rondaría los 6.500.000.000, de los cuales 350.000.000 vivirían en los Estados Unidos. Se estima que la barrera de los 7.000.000.000 habitantes se superó en 2011, pero esta diferencia se puede considerar un error menor. Más si tenemos en cuenta que la población en 1964 apenas superaba los 3.000.000.000. En cuanto al pronóstico para el censo estadounidense, fue casi exacto.

En el apartado tecnológico, Asimov imagino un mundo con “pantallas planas colgadas de las paredes de nuestras casas”, acompañadas por “dispositivos inalámbricos, alimentados por baterías de larga duración”. Basta con echar un vistazo a nuestro entorno para concederle un nuevo acierto. En su mente imaginó un hogar digital muy cercano al que empresas como Google quieren llevar a cada casa, basado en una relación control-servicio.

Las telecomunicaciones no se quedaron fuera de la visión de futuro de este genio: “Las llamadas incluirán vídeo y se podrá ver en tiempo real a la persona con la que se habla, Estas pantallas no solo servirán para comunicarse; la lectura de documentos y libros, así como el visionado de fotografías, se convertirá en algo común”. Contempla también la “posibilidad de establecer una conexión con cualquier punto de la Tierra”. Pues bien, la interrelación a nivel global ya es una realidad. Y no solo a nivel de comunicación -con servicios como la aplicación gratuita de videoconferencia Skype, que genera más de 350 llamadas por segundo-, sino también de ocio: cada semana se celebran torneos online con miles de jugadores y millones de dólares en premios.

Pasemos al tema de los recursos energéticos: «Ya existirá una planta experimental de fusión, y vastas extensiones de paneles solares ocuparan los desiertos”. El proyecto internacional para construir un reactor en el sur de Francia es una realidad. Su entrada en funcionamiento está programada para dentro de nueve años y, para ello, cuenta con una financiación astronómica (algunas fuentes apuntan a más de 14.000 millones de dólares). Las enormes extensiones de placas fotovoltaicas en zonas como Arizona y el desierto del Negev certifican lo acertado de la segunda parte del enunciado de Asimov, que se anota un nuevo pleno en este punto.

Pero ¿acertó Isaac Asimov en todo? No, este divulgador de la ciencia se precipitó a la hora de confiar en el desarrollo tecnológico de ciertos elementos. Las baterías con isótopos nucleares para teléfonos, las viviendas submarinas y las grandes granjas espaciales de energía solar parece que tendrán que esperar unos cuantos años más; pero estos errores no restan un ápice de misterio a la portentosa exactitud de las predicciones de un hombre que veía más allá del tiempo que le tocó vivir.

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