Bernardo Caprotti (7 de octubre de 1925), conocido como el rey e inventor del supermercado moderno, ha fallecido este viernes. Esselunga, su imperio, queda ahora ante un futuro incierto, más cuando Caprotti estaba negociando su venta a distintos fondos de inversión.
En los últimos años se ha centrado en las disputas legales por el control de Esselunga, un grupo que da empleo a 22.100 personas y posee 150 tiendas durante los más de 60 años de historia.
Bajo la batuta de Caprotti, Esselunga lograba unos ingresos de 8.000 millones de euros, con un beneficio de 290 millones de euros, ahora es el objeto de deseo de Wal-Mart y de los grandes grupos de distribución del mundo. Caprotti siempre defendió su imperio de las garras de sus competidores, hasta hace unos meses que inició las conversaciones para vender su negocio por unos 6.000 millones de euros.
En el inicio de esas conversaciones cayó gravemente enfermo y su muerte deja ahora un futuro incierto sobre el estado de las negociaciones. Según fuentes cercanas a Reuters, sus hijos eran unos pendencieros, por lo que quería buenos gestores al frente del negocio. Entre los fondos participantes se encontraban CVC Capital Partners, Blackstone y BC Partners. Ninguno de los participantes de las reuniones ha realizado comentario alguno al respecto. Su hijo Giuseppe siempre se había opuesto a la venta de Esselunga.
Esselunga, el primer supermercado de Italia
Su capacidad de innovación y la revolución llevada a toda la industria son sus dos grandes tarjetas de visita, pero también hay cierta oscuridad en el grupo, como las batallas judiciales entre el rey de los supermercados y los dos hijos de su primera esposa.
Apasionado de la caza y sus perros, Caprotti demostró que su amor también por la vida, más allá del negocio. Llegó a financiar la Liga Norte a mediados de los 90, un hecho que suscitó las iras de los socialistas italianos. Y es que, como hombre de negocios vio en Silvio Berlusconi la apertura liberal que necesitaba Italia en un momento en el que las trabas burocráticas hacían imposible expandir el negocio.
«Había demasiadas reglas que hacen más difícil el comercio en Italia que en otros lugares», señala el Corriere de la Sera. Su revolución se basó en dar prioridad a la logística y a los consumidores e incluso asistirles para que tomen sus decisiones. Entre sus hitos más importantes se encuentra la implementación de la tecnología a sus tiendas, como el código de barras. Era al principio de la época de los 80 y sus seis tiendas ya estaban equipadas con las cajas láser para conocer qué productos se compraban y agilizar las cuentas a la cajera, con lo que el cliente tardaba menos tiempo en realizar la compra.

También es conocido por su pasión por la arquitectura, llegó incluso a ser doctor honoris causa por la Universidad de Chicago en esa especialidad. Con sus conocimientos, los supermercados fueron reformándose por dentro, cuidando cada detalle del interior.
Su padre, José, le inculcó los valores de libertad, independencia, pasión por las artes visuales -pintura, arquitectura, gráficos- y su comida preferida, ossobuco con anchoa. Sus gustos musicales, como Molière, fueron impuestos por su abuela. Su padre luchó contra el comunismo, porque «ante todo era un hombre libre», y más después de visitar Estados Unidos, donde mandó a Bernardo a estudiar.
En la primera potencia del mundo y a principios de los 50, el fundador de la cuarta cadena de supermercados de Italia asistía a clases nocturnas en la Politécnica de textil Meccano. Con 26 años se encuentra a la cabeza de la empresa tras la muerte de su padre en el 52.
En 1957 le llegó la oportunidad y la aprovechó. Marco Brunelli, empresario de grandes cadenas de tiendas, como Hyper y Unes, le define como un «astuto hombre de negocios, a continuación, mi oponente». Caprotti inicia así la primera cadena de supermercados en Italia con negocios con la familia Rockefeller, Esso y Standard, de la mano de Brunelli.
Ese año se abre en Milán la primera de sus 150 tiendas, en la Viale Regina Giovanna. El negocio fue creciendo y sus trabajadores se lo agredecieron en 2015, con un anuncio en la prensa italiana para felicitarle por su 90 cumpleaños. «Nunca, nunca, nunca se dio por vencido. 7 de octubre de 2015. Los 22.218 empleados de una empresa de extraordinaria rinden homenaje a su médico el día de su 90 cumpleaños «. Tras una enfermedad Caprotti deja ahora en el aire el futuro de estos 22.218 trabajadores de Esselunga.


