La presión que ejerce la policía marroquí sobre los que infringen el ramadán

Noticias 01/06/2018

La policía marroquí ha levantado discretamente la presión sobre los musulmanes que no respetan el ayuno en el mes de ramadán y ha dejado de aplicar el artículo 222 del Código Penal, que prevé hasta seis meses de cárcel para quienes se salten el ayuno.

«El Estado se está volviendo más tolerante con los que no ayunan; en este ramadán no hemos constatado ningún caso de persecución por el artículo 222», dijo a Efe Omar Arbib, del consejo directivo de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, una de las más combativas por las libertades individuales.

«Sin embargo -reflexionó-, ese mismo Estado trata de hacer equilibrios con los salafistas y los islamistas, y con todos los que tratan de mostrarse mejores creyentes que los demás», por lo que vaticinó que falta mucho tiempo para que se despenalice definitivamente la no observancia del ayuno.

La pasada semana, el portal noticioso ChoufTV, que emite solo por la web, hizo el siguiente experimento: sacó a uno de sus reporteros a una calle de Casablanca con un vaso grande del que fingía beber. El hombre fue constantemente increpado e insultado, a veces violentamente, por ciudadanos anónimos que afeaban su actitud.

«¿Te crees que esto es Ucrania o que es Rusia?. ¡Pues estás en Marruecos!», le espetaba uno; «¿Tú eres judío o qué», soltaba otro; «Mira que llamo a la policía», decía un tercero.

Pero curiosamente, y pese al escándalo, la policía no apareció. Aquello quedó como una bronca entre vecinos.

«Algo se mueve -reconoció Betty Lachgar, del Movimiento Alternativo de Libertades Individuales-, las autoridades están dando marcha atrás: cada vez hay menos arrestos y menos inquisición policial en ciertos cafés que sirven a los musulmanes».

«Desgraciadamente y en contrapartida, la opinión pública y la sociedad son cada vez más conservadores, y hay más agresiones», abundó Lachgar, para quien «falta ahora un cambio de mentalidades y la abrogación de ese artículo liberticida».

En los pasados años, los pocos cafés y restaurantes que abrían sus puertas tenían un cartel muy visible que decía: «No servimos a los musulmanes».

Este año, esos carteles han desaparecido, y una famosa cadena estadounidense de comida rápida, habitual refugio de los que comen con justificación -niños, enfermos o mujeres que menstruan- ha cambiado el cartel por otro que dice: «Informamos a nuestros clientes de que hay una ley que prohíbe comer a los musulmanes: el que lo haga, afronta con las consecuencias».

«¡Hombre!, que venga a comer quien quiera. ¡Tampoco va a entrar la policía a detenerlo!», comenta Mustafa, gerente de un restaurante de Rabat al ser preguntado sobre si sirven a musulmanes.

Sin embargo, no todos son como Mustafa. En otro restaurante que permanece abierto en la capital, la respuesta es distinta: «No señor, no servimos a los musulmanes, no podemos saltarnos la ley».

La famosa ley 222 dice literalmente: «Aquel que, siendo notoria su pertenencia a la religión musulmana, rompe ostensiblemente el ayuno en un lugar público durante el mes de ramadán sin motivo válido para la religión, es castigado con uno a seis meses de cárcel».

Parece que la ley 222 ha entrado en el paquete de las leyes -como la que prohíbe el adulterio o el consumo de alcohol- que son aplicadas discrecionalmente, y en la realidad cada vez con menos frecuencia.

El gobierno se niega a reconocer que haya algo así como un cambio de política. Preguntado al respecto, el portavoz del gobierno, Mustafa Jalfi, respondió a Efe: «Es un tema regido por la ley; la persecución (de los que no ayunan) compete a la Fiscalía, que es un poder independiente del gobierno. El gobierno no tiene nada que ver con el tema».

Mientras en el vecino Túnez el debate sobre el derecho a no ayunar está en primera plana, en Marruecos, fiel a su tradición, los debates se desarrollan en sordina. Algo se mueve, pero muy despacio.

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