La última de la 'feminista' Celia Mayer: vídeos sadomasoquistas para proyectar en centros públicos

Noticias 17/03/2017

Con secuencias que muestran golpes a mujeres, un hombre orinándose encima y prácticas sadomasoquistas, esta licitación ha costado 40.000 euros.
Celia Mayer continúa con la polémica tras ser despedida del área de Cultura de Madrid. El PP preguntará este viernes en la comisión del ramo sobre la licitación de un contrato que encarga, por 40.000 euros, la proyección en centros públicos de un corto con contenido sexual explícito.
El área de Gobierno de Cultura lanzó el 26 de enero una licitación de 40.000 euros bajo el nombre de “Contratación del servicio de dinamización y desarrollo de actividades educativas, a prestar en el proyecto World Pride 2017″, que ha quedado desierto.
Con secuencias que muestran golpes a mujeres, un hombre orinándose encima de un cuerpo de mujer, autolesiones y prácticas sadomasoquistas, algo que no está muy en consonancia con los discursos ‘feministas’ de los miembros de Podemos, Rita Maestre aseguró que estas películas se emitirán por capítulos y las partes más explícitas no se proyectarán en centros públicos.
En el documento del concurso Ahora Madrid define el ‘Documental Tomboys, marimachas, trans, bedesemeras’, como «todo el espectro menos conocido de la identidad de género desde lamujer: lesbianas butch, tomboys, mujeres chicazos, hombrestransexuales, mujeres trans, chicos transgénero».
El PP preguntará en la Comisión de Cultura por esta propuesta para centros culturales, que además planteaba la opción de proyecciones en fachadas de edificios públicos y pedirá cuidado con el tipo de films que se proyectan en lugares públicos ya que pueden herir la sensibilidad de los ciudadanos o llegar a menores.
La adjudicación, abierta por la empresa municipal Madrid Destino, solicita este servicio de ‘dinamización y desarrollo de actividades educativas’ con motivo de la celebración del World Pride 2017.
El vídeo puede herir la sensibilidad del lector

Una penosa gestión de la cultura de Madrid

Celia Mayer, que antes de pisar el Consistorio madrileño se dedicaba a la investigación social en una cooperativa y que fue una de las personas clave para la creación del partido de confluencia Ahora Madrid, que une a Ganemos, Podemos y Equo, dejó pronto de ser una desconocida para la ciudadanía madrileña.
Llegada al Área de Cultura y Deportes de Madrid para zanjar la polémica que rodeó al concejal Guillermo Zapata, que renunció por la polémica generada por unos tuits sobre judíos y víctimas del terrorismo, la controversia ha marcado la acción política de la edil.
Los trajes que vestían los Reyes Magos en la Cabalgata de 2016, que sus críticos compararon con cortinas de ducha, ya pusieron a Mayer en el punto de mira.
Sólo un mes después, la retirada del monolito al Alférez Provisional, de la placa por el fusilamiento de unos monjes carmelitas y una lápida dedicada al falangista José García Vara provocaron las críticas unánimes de la oposición y que Mayer ordenase su reposición.
Un espectáculo de títeres para adultos de carnaval, programado en horario infantil, por el que dos titiriteros permanecieron encarcelados por supuesto enaltecimiento del terrorismo -una causa de la que fueron absueltos- provocó que la oposición municipal, incluido el PSOE, pidiesen a la alcaldesa Manuela Carmena su cese.
La regidora la mantuvo en su puesto, despojándola sin embargo de las responsabilidades de Memoria histórica, que recayeron en un comisionado liderado por la socialista Paca Sauquillo.
Una solución con la que la alcaldesa evitó que el Pleno del Ayuntamiento reprobase a Mayer, pero con la que no consiguió que cesasen las críticas a la gestión cultural de su concejala, que tuvo que comparecer en los juzgados de la plaza de Castilla investigada por un presunto delito de prevaricación administrativa por la retirada del monolito.
«En la vida cotidiana se cometen errores», sostuvo en febrero la edil, de 34 años, licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración y experta en políticas de igualdad de género, no así en gestión, como admitió Carmena, que defendió completar el Área de Mayer con «más profesionales muy competentes que la pueden ayudar».
Activista en diferentes iniciativas, incluido el colectivo «okupa» Patio Maravillas, donde compartió militancia con Zapata, Mayer reestructuró los espacios culturales de Madrid, que dejaron de depender de una única persona, Santiago Eraso -quien finalmente dimitió- y pasaron a ser controlados por cuatro direcciones.
Direcciones colegiadas por concurso que también provocaron críticas, acrecentadas recientemente por la nueva programación de las Naves de Matadero, desvinculadas del Teatro Español y que apuestan ahora por las artes vivas y dan menos espacio al teatro.
Un cambio radical criticado por el gremio teatral y acompañado de quejas por la retirada de los nombres de Fernando Arrabal y Max Aub de dos espacios de Matadero, noticia que Mayer atribuyó a una confusión y que finalmente no se produjo, según garantizó primero Carmena y después la edil.
Una última polémica que, confusión o no, ha hecho que Celia Mayer haya perdido la confianza del equipo de Gobierno como titular de Cultura, unas funciones que asume provisionalmente Carmena, y ahora pase a ocuparse del nuevo Área de Igualdad.

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