El déficit excesivo y la elevadísima deuda de España son dos de las grandes preocupaciones de la troika, el comité formado por FMI, CE y BCE. Los hombres de negro, como se les conoce popularmente continuarán vigilando a España durante 8 años más.
Pese a la subida del PIB y la reducción del paro, los acreedores del rescate bancario continuarán atando en corto al Gobierno de España. De esta forma, estarán cerca de tres lustros con la lupa puesta en las finanzas, más cuando se ha devuelto una ínfima parte del rescate dado a la banca en junio de 2012.
Primero, España deberá convencer a los hombres de negro para salir del programa de países con déficit excesivo. En ese pequeño grupo se encuentran Reino Unido, Francia, Grecia y España. Solo en el caso de que el déficit baje del 3% los hombres de negro colocarán a España en el grupo de Portugal, que ha hecho más deberes que España y tuvo que ser rescatada con dinero público para evitar la quiebra.
A partir de entonces, el Gobierno podría realizar promesas incumplidas, como volver a bajar los impuestos. No obstante, la lupa continuará en el control del gasto, al menos hasta 2025 debido a la disparada deuda, que se sitúa ahora en el 100% del PIB, y rompe con los principios del Tratado Europeo.
«Como la deuda de España en 2018 está proyectada en el 98,5% del PIB, lo que excede del 60% acordado en el Tratado, España también estaría sujeta a los arreglos para cumplir con la ratio de deuda durante los tres años siguientes a la corrección del déficit excesivo», afirma Bruselas en nuevo documento sobre el Plan de Estabilidad publicado junto a las recomendaciones emitidas por Bruselas.
De esta forma, la vigilancia de la troika se mantendrá hasta que España baje el nivel de deuda sobre PIB al 60%, por lo que tendría que reducir dos puntos de PIB anuales, hasta un total de 40, para poder quitarse este yugo.
De momento, España se ha beneficiado de los bajos tipos de interés del BCE, disparando las exportaciones y aumentando el turismo a niveles récord. No obstante, este escenario podría dar un vuelco si el BCE acometiera una subida de tipos de interés, una posibilidad aún lejana dadas las declaraciones de Mario Draghi sobre la eliminación de estímulos en la Eurozona.
