Las personas no europeas que lleguen a Holanda a partir de 2017 se tendrán que comprometer por escrito a integrarse en la sociedad, firmando un documento en el que también confirman conocer todos sus derechos y obligaciones como ciudadanos.
Conocida como la «Declaración de participación», consiste en un texto de carácter obligatorio para todos los nuevos inmigrantes, excepto los que proceden de Estados miembros de la Unión Europea (UE).
La firma se llevará a cabo en el Ayuntamiento, en el momento en el que se realiza el registro de empadronamiento en el municipio correspondiente, y negarse u olvidarse supondrá una multa de 340 euros.
Se trata de una iniciativa de la ministra de Trabajo y Asuntos Sociales, Lodewijk Asscher, para «concienciar más a los inmigrantes de sus responsabilidades» sociales. «Es un momento especial aquel en el que un nuevo ciudadano informa de que le gustaría participar en la sociedad holandesa y de que es consciente de los derechos y obligaciones», dijo Asscher.
Esta apuesta se ha ensayado, de forma voluntaria, en 18 municipios, y según el Gobierno, un 17% de los refugiados la firmó sin leerlo y solo porque el ayuntamiento se lo pidió.
Un joven de 30 años, procedente de Siria, y que prefiere mantener el anonimato, reconoce que firmó el documento «como parte de todo el papeleo» que había que hacer para registrarse en el municipio.
Considera que esta medida no es muy efectiva para «lo más importante, que es integrarse realmente» en la sociedad holandesa «que te rechaza sin conocerte».
Este documento está dirigido especialmente a los solicitantes de asilo e inmigrantes con un visado de trabajo, estudio o residencia en un país en el que el favorito en los sondeos de cara a las elecciones legislativas el próximo marzo es el ultraderechista Partido por la Libertad, que lidera el xenófobo Geert Wilders.
Los que desconozcan esos valores fundamentales de la sociedad holandesa nada más llegar, tienen hasta un año para informarse y firmar el documento.
El Partido Laborista, apoyó esta iniciativa al considerar que «cualquier medida que apoye la integración de los inmigrantes es bienvenida». No obstante, Marcouch reconoce que esta herramienta «por sí sola no sirve para nada» y que debe ser apoyada con ideas «para lograr crear lazos emocionales del inmigrante» con el país.
Holanda ya cuenta con un examen de integración obligatorio para los solicitantes de residencia legal.
El diputado laborista destaca que esta declaración es importante por ejemplo para los turcos, que gracias a acuerdos bilaterales no tienen que hacer esa prueba de integración, sí obligatoria para los marroquíes, una de las comunidades más numerosas de Holanda. «Todos deben tener claro que tienen unos derechos pero vienen acompañados por unas obligaciones que se adquieren como ciudadano de este país», añade.
Los valores fundamentales a los que se refiere este documento son la libertad, la igualdad, la solidaridad y la participación en la sociedad. «En este país, pedimos a los ciudadanos contribuir a una sociedad más agradable y segura, por ejemplo, trabajando, asistiendo a la escuela o haciendo trabajos voluntarios», dice el propio documento.

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