La celda del expresidente corrupto Luiz Inácio Lula da Silva era un alojamiento de policías del núcleo de inteligencia, que fue adaptado para su detención: No tiene rejas y tiene un cuarto de baño privado, con ducha de agua caliente, en un área de 15 metros cuadrados.
La nueva morada de Lula queda en un área reservada en el cuarto y último piso de la sede de la policía federal de Curitiba, capital del estado de Paraná, comarca del juez Sergio Moro, líder de la Operación Lavacoches, y el mismo que decretó el jueves la prisión del exsindicalista.
El expresidente, Luiz Inácio Lula da Silva, durmió tranquilo en su primera noche en la celda en la ciudad de Curitiba en la que fue recluido y pasó gran parte del tiempo acompañado por uno de sus abogados, informó hoy el Partido de los Trabajadores (PT) en un comunicado.
«Él durmió tranquilo y no fue maltratado por los agentes del lugar. Permanece sereno y tranquilo», según la nota divulgada por el «comité popular» que el PT montó en las inmediaciones de la sede de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, a donde Lula fue recluido en la noche del sábado para comenzar a cumplir la pena de 12 años de prisión a que fue condenado por corrupción.
De acuerdo con la nota, el abogado Cristiano Zanin, uno de los miembros de su equipo de defensa, lo acompañó durante un largo período en la celda antes de tener que abandonar la edificación.
Las cárceles en Brasil: canibalismo, violencia y sin policías
Las mutilaciones en la cárcel de Manaos (Brasil) que salieron a la luz el pasado enero son un ejemplo más de la situación inhumana que se extiende por su sistema penitenciario. Un informe de 2016 del Consejo de Derechos Humanos de la ONU denunciaba que su ocupación carcelaria está un 265% por encima de su capacidad, con el 40% de esos detenidos aún a la espera de juicio.
Las imágenes registradas y publicadas en las redes sociales son parte de una alucinante antología de vídeos difundidos a comienzos de 2018, poco después del asesinato de nueve presos en una cárcel de Goias (centro) que volvió a sacar a la luz el descontrol del sistema penitenciario en Brasil.
Las masacres de 2017 en las cárceles de Brasil dejaron más de 100 presos muertos por una guerra que libran al interior de los presidios de todo el país las bandas de narcos Primer Comando de la Capital (PCC), originaria de Sao Paulo, y Comando Vermelho, de Rio.
Brasil tiene la tercera mayor población de presos del mundo: 726.712 internos, según los últimos datos oficiales de junio de 2016. Con edificios anacrónicos y súper poblados, escaso presupuesto y la mitad de los detenidos sin condena firme, el Estado fue perdiendo el control de los penales a manos de facciones de narcotraficantes.
Marcos Fuchs, director de la ONG Conectas, dedicada a velar por los derechos humanos, estima que el 75% de los centros de detención son manejados por el crimen organizado.
En 2017, el ejército incautó 10.882 armas en 31 prisiones que alojaban a 22.910 internos. Una por cada dos presos.
