Las armas de los antidisturbios de la Policía de Venezuela fueron compradas a España, Austria y China entre 2005 y 2016. España suspendió las ventas, pero antes había vendido granadas lacrimógenas al régimen bolivariano.
Los contratos de este comercio de armas no son públicos, pero varias organizaciones sin ánimo de lucro lideradas por Control Ciudadano apuntan que las ventas se realizaron entre 2005 y 2016. Según recoge El Diario de Las Américas, esta asociación, dirigida por la abogada Rocío San Miguel, ha realizado un estudio análiticode las compras realizadas por la Fuerza Armada Nacional entre 2005-2012, con Hugo Chávez al frente del Gobierno, y entre 2013 y 2016, con Maduro. La falta de transparencia ha impedido «determinar con exactitud la cantidad, modelo y costo» de este material importado, según apunta la organización.
Con Chávez se instauró en Venezuela la doctrina castrense, el reequipamiento de las Fuerzas Armadas de Venezuela (FAN), el establecimiento de las alianzas estratégicas con Rusia y China, y la ruptura política con Estados Unidos, que el 1º. de octubre de 2006 fijó un veto para la venta y transferencia de armamento y tecnología militar estadounidense al Gobierno de Chávez, y desde entonces se mantiene. No obstante, Venezuela firmó convenios con 18 países, de los que tres aparecen como proveedores de equipos para mantener el orden público. Austria envió un número no especificado de vehículos antimotines, mientras que España entregó granadas lacrimógenas, entre otros materiales.
El aporte de China fue mucho más extenso: accesorios, trajes de protección corporal, cascos, escudos, artificios lacrimógenos, cartuchos antimotines, escopetas y carabinas lanza gas, una decena de transportes y vehículos blindados. Todo esto dirigido a la Guardia Nacional, el cuerpo policíaco encargado de controlar a los manifestantes.
Con Maduro la compra de armas para reprimir las protestas se ha disminuido. Entre 2015-2016 las adquisiciones militares se redujeron en 90% con respecto a 2013-2014 debido a la falta de efectivo para realizar el gasto por la crisis económica en la que se sume Venezuela.
«Durante 2014 y 2015 destaca la mayor adquisición de equipos y sistemas antimotines destinado a la Guardia Nacional”. La lista de socios ahora es más modesta, tan solo seis naciones. Y solo una acapara el suministro del material para el orden público: China. El gigante asiático ha proporcionado equipos y material antimotines, unos 18.000 equipos de protección individual (Robocop), y vehículos blindados con cañones de agua y porta barreras», señala el informe.
España dejó de vender tras los 43 muertos en abril de 2014
España ya no participa en este negocio. En abril de 2014, en medio de las protestas populares que demandaron entonces la salida de Maduro y que concluyeron con 43 muertos, Madrid decidió de manera unilateral suspender la venta de equipos antimotines al régimen chavista.
Venezuela es “uno de los primeros clientes de las empresas españolas que fabrican material antidisturbios”, publicaba entonces El País. Allí resaltaban que “los contratos aprobados y pendientes de ejecución a 1 de julio (de 2014) ascendían a 2,6 millones (de euros)”, y que en 2012 “las operaciones autorizadas sumaron 1,69 millones (de euros)”, unos 2 millones de dólares al cambio entonces.
En agosto de ese mismo año, Maduro anunció la compra de material antimotín para dotar a la Guardia Nacional. “Muy pronto seguro llegarán 300 nuevos equipos especiales para seguir garantizando que los ataques que se hagan desde adentro en la estrategia imperial de llenar de violencia a nuestro país sean preventivamente atendidos, corregidos y superados de manera inmediata”, expresó el mandatario venezolano, sin precisar el origen del material ni el presupuesto destinado a este fin.
Las nuevas granadas proceden de Brasil
La represión de 2014 permitió descubrir la identidad de otro de los distribuidores del régimen chavista. Luego de examinar 2.130 restos de bombas lacrimógenas, se determinó que el 60% de estos artefactos habían sido fabricados por la empresa brasileña Condor Non Lethal Technologies, que vendió material por valor de “6,5 millones de dólares en bombas y granadas lacrimógenas y perdigones entre 2008 y 2011, según cifras del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, que se traducen en 143 toneladas en mercancía”.
Venezuela importó desde Brasil “333 toneladas de municiones antidisturbios y para armas. Del total de 9,9 millones de dólares invertidos en una década en municiones brasileñas, 65% corresponden a material antidisturbios de Condor”. Las bombas lacrimógenas de Condor siguen cayendo por estos días, ahora que Maduro trata de quebrar la nueva ola de protestas que ya ha arrojado al menos 40 muertos.
Por otro lado, Venezuela pagó otros 18,1 millones de dólares “para la adquisición de material y equipos antimotines de última generación por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, cuya fuente de financiamiento será a través del Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden)”.
