Este martes la zona central de México ha sido golpeada por un terremoto de magnitud 7,1, que se ha cobrado la vida de más de 200 personas. Justo hace 32 años, otro sismo mortífero se cobró miles de vidas.
De acuerdo con los últimos datos oficiales, se reportan 226 fallecidos a causa del terremoto.
Un español residente en México ha fallecido a consecuencia del terremoto, ha informado a Efe el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Se trata de la primera víctima mortal confirmada por el consulado español en México, que también ha explicado que se está intentando localizar a una decena de ciudadanos españoles.
El epicentro del sismo de magnitud 7,1 se registró este martes en el límite estatal entre Morelos y Puebla, 12 kilómetros al sudeste de la ciudad de Axochiapan (Morelos) y a 120 kilómetros de la Ciudad de México, según datos del Servicio Sismológico Nacional de México. La profundidad del movimiento telúrico se ubicó a 57 kilómetros.
El fuerte sismo se produjo justo cuando se cumplen 32 años del devastador terremoto de magnitud 8,1 con epicentro en el Pacífico, en la costa del estado de Michoacán, que dejó miles de muertos en 1985. Hasta las 20:30 hora local se han registrado 11 réplicas, la mayor de ellas, de magnitud 4,0.
Varios estados del país, donde los edificios sufrieron daños estructurales y desprendimientos, viven horas de desconcierto y pánico mientras las autoridades asesoran acerca de las consecuencias del terremoto y se llevan a cabo labores de rescate y la búsqueda de quienes podrían haber quedado atrapados bajo escombros.
El jefe del Gobierno de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, informó que hasta el momento se registró el derrumbe de 30 edificios y el despliegue de 50.000 miembros de la administración capitalina en labores de remoción de escombros y atención a víctimas.
Entre los edificios derrumbados se encuentra el colegio Enrique Rebsamen, en el sur de la ciudad, donde 20 niños y 2 adultos perdieron la vida, según un informe preliminar, pues continúan las labores de rescate en el lugar.
«Tenemos cuadrillas de cientos y miles de trabajadores del Gobierno de la ciudad que hoy están presentado auxilio. Estamos permanentemente en coordinación y comandando esta acción», aseveró Mancera.
Mientras los servicios de rescate trabajan en la búsqueda de personas atrapadas en edificios derrumbados, miles de personas participan espontáneamente en la limpieza y la búsqueda de víctimas, dirigen el intenso tránsito para facilitar el desplazamiento de los cuerpos de emergencia o llevan agua y alimentos a los que trabajan.
Con el cuerpo cubierto de polvo y las piernas llenas de rasguños, el español Alberto Morales ayudaba a sacar escombros en uno de los edificios que han caído en la capital.
«Se siente la impotencia de no poder hacer nada. Pero se veía venir; esta zona está sobre agua», afirmó a Efe el joven a escasos metros de un edificio de la colonia Narvarte, de al menos cuatro plantas y completamente derrumbado.
Unos minutos después del movimiento telúrico, Morales se lanzó a remover escombros. «Estuve hora y media ayudando, y quedó una persona arriba, pero ya la están escuchando porque necesitan que haya mucho silencio», indicó.
De hecho, en un primer momento fue la propia ciudadanía la que se movilizó e inició las labores de rescate. «Toda la gente quiere ayudar, pero somos demasiados ya», explicó Morales, que lleva siete años en México.
En la colonia Condesa, los miembros de los equipos de rescate pedían silencio para escuchar las instrucciones sobre lo que ha quedado de un bloque de apartamentos. Demandaban cubos para ir retirando los escombros.
Los voluntarios recorrieron rápidamente los locales y portales de la calle y, en poco tiempo, cubetas y recipientes de todos los colores comenzaron a llegar. Formando largas hileras, los voluntarios se pasaban los escombros para limpiar la zona poco a poco.
La presencia de voluntarios evoca la oleada de solidaridad que cundió por la ciudad tras el devastador terremoto de magnitud 8,1 que hace exactamente 32 años, el 19 de septiembre de 1985, dejó 10.000 muertos, según fuentes oficiales, y 45.000, de acuerdo con agrupaciones civiles.
Igual que entonces, el suministro de electricidad en la capital se cortó y el metro dejó de prestar servicio los primeros 30 minutos después del terremoto.
Los servicios de comunicación telefónica se interrumpieron por el sismo y ahora se mantienen saturados. Las autoridades han pedido a la población que solo los use para emergencias y para localizar a sus familiares y que eviten enviar fotos y vídeos.
Miles de personas caminaban por las calles de la capital para intentar volver a sus casas, la mayoría con sus teléfonos móviles en la mano tratando de comunicarse con familiares, algunos incluso subidos en los pedestales de los postes de alumbrado público para tratar de conseguir señal.


