Pedro Sánchez y sus afines estiran aún más la cuerda con la colocación de unas urnas para votar la celebración de un Congreso Extraordinario en el PSOE. Los críticos a Sánchez se habían opuesto incluso a votar, pero Susana Díaz, tras hablar con Josep Borrell, ha aceptado finalmente la votación, eso sí con condiciones: que sea a mano alzada en vez del voto secreto, como pedían los de Sánchez.
La presidenta del Comité Federal del PSOE, Verónica Pérez, mano derecha de Díaz había anunciado la votación secreta sobre la propuesta por Sánchez. Tras el anuncio, los críticos se han levantado a grito de «sinvergüenzas» y «pucherazo», también se han escuchado insultos como «cobardes».
La trifulca hubiera ido a mayores sin la intervención de Susana Díaz, quien ha pedido que se vote el informe de la Comisión de Garantías, un estudio en el que se pide el cese inmediato de Sánchez al frente del PSOE, el fin de la Ejecutiva del PSOE y la creación de una gestora que tome las riendas del partido.
Sánchez había pedido la creación de un Congreso Extraordinario para el próximo 23 de octubre, para que sea la militancia la que nombre al nuevo líder del partido, o bien mantenga al líder del PSOE en el Congreso.
La forma de la votación ha encendido el ya de por sí caldeado ambiente en Ferraz. Los llamados «sanchistas» exigen un voto secreto, los críticos a mano alzada. Sánchez, en un principio, había propuesto la readmisión de los 17 dimitidos del pasado miércoles y permitirles así votar, una propuesta ha sido rechazada por la mano derecha de Díaz en Sevilla, quien insiste en ser la única «autoridad competente» del PSOE en este momento, ya que no existe, a su juicio, ninguna Ejecutiva socialista.
Según los críticos, Sánchez y los 17 miembros de la supuesta Ejecutiva no tienen derecho a voto porque está disuelta. Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Asturias, Aragón y la Comunidad Valenciana ya han asegurado que no reconocen a Sánchez como su secretario general, por lo que no tendría que derecho a voto en el Comité Federal.
