La era de los tipos negativos ha provocado una situación kafkiana. A los tipos de interés bajos de los bancos centrales se suma el estancamiento económico, con excepciones como España, ejemplo ahora en el G-20. El escenario es tan surrealista que algunos bancos ya pagan a los clientes por prestarles el dinero e incluso a aquellos que tienen contratados algunos productos financieros cuya rentabilidad es negativa contra el banco.
¿Qué pueden hacer las familias ante esta situación? La realidad de las familias es que son perfiles conservadores y no se alejan de los bonos soberanos o de bajo riesgo. No obstante, la inversión debe ser a largo plazo para poder cosechar entre un 2% y un 3%, una rentabilidad que supera la inflación. No obstante, no todos pueden arriesgar más de lo hecho hasta ahora.
Y es que, por ejemplo, en países como Italia, la tercera fuerza de la Eurozona, aún sostienen riesgos financieros y la rentabilidad de la deuda soberana es negativa o próxima a cero, excepto en los bonos a diez años, como en el caso de España. Italia se ha sumado a la lista de países con más de un 25% de deuda del Estado con intereses negativos, en Alemania el porcentaje alcanza casi el 100% en estos momentos.
Desde los expertos de Intesa Sanpaolo, las tasas negativas podrían continuarse durante el próximo lustro si se siguen los indicadores de riesgo, como los swaps y las previsiones de los operadores. No obstante, la situación podría cambiar si la FED incrementa los tipos de interés y se descubre una aceleración más rápida en Europa.
No obstante, las familias deben hacerse la siguiente cuestión: ¿Hay capacidad para correr el riesgo ante esta nueva situación? La respuesta está en cada uno de los inversores, pero si se asume más riesgo, se pueden conseguir rentabilidades más elevadas de las comúnmente existentes, como los Bonos del Tesoro denominados en dólares, considerados solo para inversores institucionales.
Asimismo, también existen los bonos bancarios corporativos, que ocupan la mayoría del espacio entre los emisores de bonos, hasta los fabricantes de automóviles, productos químicos o seguros. Estos productos son de mayor riesgo que los bonos del Tesoro, pero se evitan las emisiones de deuda subordinadas, con mayor riesgo que las anteriores.
Asimismo, los inversores en Europa pueden contratar productos financieros denominados en dólares, una apuesta que podría recompensar aún más de cara a una subida de tipos de interés en EE UU, más cuando de la decisión de la FED se espera un incremento del dólar frente al euro, por lo que se ganaría también con el cambio de divisa.
En caso de una aversión al riesgo divisa y al largo plazo, tan solo quedan los depósitos a plazo, donde en España la rentabilidad es mínima, pero que en Italia está floreciendo. Para estos inversores no hay ni gastos de gestión ni cargos en la cuenta, tan solo un 26% sobre los intereses generados y nunca sobre el principal.
