Tras el crash de 2008 y el estallido de la crisis de deuda en 2010, junto con la recesión en 2012, numerosos países del mundo han visto perder la máxima calificación de la deuda. Las consecuencias fueron nefastas para la financiación, ya que a menor calificación más intereses se exigían. No obstante, en la era de tipos bajos e incluso negativos, la pérdida de calificación tiene un menor impacto que hace ocho años.
Tras el Brexit, Reino Unido abandona ahora este selecto club al que solo pertenecen poco más de diez países y muy pocos ya son europeos: Suiza, Dinamarca, Holanda, Noruega, Suecia, Alemania y Luxemburgo.
Reino Unido tenía la triple A, la máxima calificación, desde hace 38 años. Ahora con el desplome de la libra tras el Brexit y con el añadido de una descomunal deuda, la agencia Standard&Poors detecta riesgos para los bonos soberanos británicos.
En 2003, había hasta 20 países con la máxima calificación, ahora solo 10. Alemania lidera la calificación y mantiene su condición de valor refugio ante una debacle en los mercados. Pese a que el euro ha estado en riesgo por Grecia, Portugal, España, Italia y Francia la realidad es que el Gobierno de Merkel ha superado con éxito la durísima prueba. También tienen la triple A Singapur, Canadá y Australia.
Por primera vez, EE UU ha perdido la triple A, mientras que Reino Unido ya la perdió por parte de Moody’s en febrero de 2013. No obstante, se quita la triple A cuando las tres agencias indican el mismo veredicto.
España es otro de los países que ha perdido la máxima calificación en esta crisis. La perdió con José Luis Rodríguez Zapatero en el poder y se sitúa dos escalones por encima del bono basura.
