Cuando en 2015, Syriza ganó las elecciones generales los problemas para Grecia y los griegos se habían acabado, según Pablo Iglesias, dos años después el país sigue sumido en una profunda crisis.
Pablo Iglesias grito a los cuatro vientos cuando Alexis Tsipras y su formación radcial de izquierdas ganó las elecciones generales en Grecia que una nueva forma de gobernar llegaba a Europa, en manos de los mercados y de la casta política.
Dos años después, los griegos no sólo no vieven mejor, sino que ha visto recortados muchos beneficios sociales que antes tenía, especialmente en materia de pensiones.
Grecia sigue necesitando del rescate europeo simplemente para funcionar en el día adía. Y ese rescate europeo impone más y más recortes a la población griega.
Grecia y sus acreedores internacionales han acorda hoy las bases del paquete de reformas que deberá aplicar el país y desbloquear así el camino para cerrar la segunda revisión de su rescate y permitir el desembolso de fondos que Atenas necesita para afrontar pagos en verano.
Pablo Iglesias ya no habla de Syriza, cuyas políticas han emprobrecido aún más a los griegos y han llevado a recortar las pensiones, la partida más sagrada del estado del bienestar
«Hemos resuelto los bloques importantes y esto debería permitirnos acelerar y entrar en la recta final», dijo el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, al anunciar el acuerdo tras la reunión de ministros de Economía y Finanzas de la eurozona celebrada en Malta.
Los ministros han dado el visto bueno a un acuerdo que se ha fraguado en intensas negociaciones en Bruselas a lo largo de esta semana entre el Gobierno griego y las instituciones involucradas en el programa (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Mecanismo Europeo de Estabilidad y Fondo Monetario Internacional) después de meses de discusiones infructuosas.
El acuerdo recoge los principales elementos del paquete de medidas políticas que deberá aplicar Grecia y despeja la vía para que los supervisores de las instituciones puedan regresar «cuanto antes» a Atenas para cerrar los detalles y volver a Bruselas con un acuerdo definitivo (un acuerdo técnico en la jerga comunitaria) bajo el brazo.
En concreto, Grecia se ha comprometido a adoptar en 2019 reformas equivalentes al 1 % de su PIB en materia de pensiones, es decir, recortarlas de nuevo, mientras que en 2020 deberá aplicar medidas también por el 1% del PIB con acciones sobre el impuesto a la renta, es decir, subir la carga fiscal a los griegos.
A cambio, los acreedores han aceptado que Atenas legisle en paralelo una serie de medidas expansivas para fomentar el crecimiento o abordar problemas sociales para aprovechar el margen que deberían generar las reformas, siempre y cuando siga creciendo y teniendo un desempeño fiscal por encima de lo previsto.
Una vez que las instituciones, tras el trabajo sobre el terreno, alcancen un acuerdo técnico, este deberá recibir el visto bueno de los ministros de la eurozona.
Superávit del 3,5% del PIB
Solo entonces, los socios podrán pasar al delicado debate político sobre la senda fiscal que deberá seguir Grecia una vez salga del rescate en 2019, en concreto, sobre el plazo durante el cual deberá mantener un superávit primario del 3,5 % de su PIB, etapa imprescindible para cerrar la segunda revisión.
Sobre esa base, se abordará después el alivio de la deuda helena, factor que será determinante para que el FMI decida si da apoyo financiero al rescate.
Es decir, que Grecia seguirá intervenida y con un futuro incierto, cuatro años después de esa victoria electoral de Syriza que tanto entusiasmó a la izquierda radical que representa el líder de Podemos. El fracaso de su política, con unos griegos cada vez más pobres que dependen del resto de Europa para subsistir es quiźas el primer motivo por el que Pablo Iglesias no ha vuelto hablar de Grecia. Ya tiene bastante con Venezuela o Irán.


