Cementiris de Barcelona, la base inicial de la empresa municipal de servicios funerarios de Barcelona, sometió a votación el proyecto. El resultado: un evidente pucherazo al encontrarse más papeletas que votantes.
El proyecto, impulsado por Ada Colau, tendría que dar luz verde al nuevo operador público. La votación se produjo este miércoles, pero salieron más papeletas de las urnas que trabajadores presentes con derecho a voto. De esta forma, se volverá a votar después de Semana Santa.
El despropósito fue tal que el presidente Jordi Valmaña pidió que la votación se realizara en secreto. «Salieron más votos que personas», señala una fuente a Crónica Global.
La nueva funeraria iba a tener su embrión en Cementeris, que debía cambiar sus propios estatutos. No obstante, los trabajadores se opusieron a este cambio en la entidad que gestiona nueve cementerios de la Ciudad Condal. Esta votación suponía desbloquear el conflicto, pero ha terminado por relanzarlo.
A la votación acudieron los trabajadores y también directivos, como Ángel Pascual, director de recursos humanos; Eduard Fernández, de operaciones; y Joan Manel Aparicio, de servicios. Asimismo, también contaba con la presencia de importantes cargos intermedios y de trabajadores contratados mediante Empresas de Trabajo Temporal. Todo con el fin de «hinchar la votación».
Pero lejos de conseguir su objetivo, la realidad es que el pucherazo no salió bien. «Al contar los votos, salieron más sufragios que trabajadores. Se decidió repetir la votación después de Semana Santa«, afirman fuentes conocedoras de la votación al citado diario.
A este revés sufrido se intenta ahora encontrar solución a la ubicación. Eloi Badia, concejal de presidencia de Barcelona, lidera el proyecto y su equipo ha elegido una sede cerca del cementerio de Montjuïc. «Pero la parcela no respeta la reserva viaria necesaria de la Ronda Litoral. Ello sin contar que el camposanto está atravesado por una vía de Renfe y que ocupa parte de la reserva del operador ferroviario», afirman las fuentes.
Asimismo, tampoco tiene las características para poder edificar un tanatorios con seis salas de vela. «Deberá hacerse una modificación del Plan General Metropolitano para cambiar el uso, luego el consistorio dependerá de la Consejería de Territorio de la Generalitat», según afirman las fuentes.
Con este tanatorio se eliminaría el 15% municipal en Serveis Funeraris de Barcelona (SFB) y modificar la ordenanza funeraria. El mercado se lo reparten los dos operadores de referencia, Áltima y Mémora, mientras que morir en Barcelona cuesta unos 9.000 euros.
