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Punta de Rieles, la cárcel que funciona como un pueblo con su propia economía

En la cárcel de Punta de Rieles, en Uruguay, los presos han creado su propio pueblo donde emprenden y montan sus propios negocios, realizan actividades, circulan por el recinto con libertad, quedan y hasta tienen su propia emisora de radio. Esta prisión ha rebajar el índice de reincidencia de los reos al 2% contra una media nacional del 50%.

Desde que que la nueva dirección cambió la prisón, a finales de 2012, en algo parecido a un pueblo rodeado de muros, los presos no han intentado fugarse, por los que los militares que la vigilan dicen ‘aburrirse’ según recoge el portal Vice, que ha visitado las instalaciones.

Las celdas, que son para cuatro o seis personas, sólo se usan para dormir y algunas barracas permanecen abiertas las 24 horas. A su vez, se proyecta que haya lugares individuales para que los detenidos puedan tener un espacio de privacidad.

En esta cárcel uruguaya, la mayoría de sus más de 500 presidiarios tiene un trabajo en uno de los 35 oficios que funcionan en el centro.

Buena parte de los negocios son propiedad de los presos más emprendedores, dos son cooperativas y el resto están financiados por capital de fuera de la prisión. Todos sus trabajadores son presos o ex presos y el modelo funciona, explica Luis Parodi, director de la cárcel a Vice, gracias a la puesta en marcha del «único banco del mundo que no cobra intereses».

Los negocios en Punta Rieles funcionan como si estuvieran en el exteriro: ‘Si no hay demanda, se cierran’, explican.  El dinero que ingresa le pertenece al emprendedor, y sólo se les descuenta un canon variable de hasta el 20% por el consumo de electricidad y agua, y el uso del terreno. La entidad financiera ofrece créditos para hacer realidad las ideas emprendedoras de los reos y consigue financiación extra mediante el cobro de estos impuestos a las empresas que ya funcionan. 

Algunos presos ahorran pensando en el día que abandonen Punta de Rieles, otros optan por contribuir a los gastos de los familiares que los esperan fuera.

Punta de Rieles cuenta con negocios como las fábricas de bloques de construcción, el taller de chapa y pintura o el de reciclaje industrial y la imprenta. La cárcel también tiene una área de servicios en el centro del recinto, como el almacén social o supermercado que regenta Antonio, las peluquerías, la panadería o el gimnasio, y la escuela o centro educativo, donde profesores del Ministerio de Educación imparten sus clases.

Además, el centro penitenciario tiene una radio que emite un programa a través de internet con entrevistas y actuaciones musicales, un templo que alberga una Iglesia católica, tres evangélicas y una ‘plaza mayor’ donde reunirse.

«Aquí, el castigo es el cautiverio, vivir encerrado entre los muros de una cárcel y no más», sentencia Parodi, el director de la cárcel y artífice de la prisón que es hoy en día. «La prisión debe ser únicamente cumplir la justicia con dignidad», añade.

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