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Mariano Rajoy

Rajoy vuelve a hacer añicos sus promesas electorales

Rajoy comete los mismos errores que la Roma de hace 2.071 años

«El hombre que olvida su historia está condenado a repetirla». Esta cita del español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás bien podría aplicarse a la política actual, con implacables subidas de impuestos, incremento de deuda, sin un presupuesto equilibrado y con los jóvenes más empeñados a vivir a costa del Estado que emprender con sus propias ideas.
«El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado». Esta es la situación de la Roma de hace 2.071 años y que se atribuye a Cicerón, pero bien serviría también a la España de 2016.
Y es que, Rajoy se ha disparado la deuda por encima del 100% del PIB, con un Presupuesto que en vez de reducir el gasto se cuadra por la vía de los ingresos mediante subidas de impuestos, con un país que paga casi cinco veces más que Alemania por los bonos a diez años, y que ha estado al borde de la quiebra, como lo está la Seguridad Social de nuevo desde la peor etapa de Felipe González, cuando se tuvo que acudir al Fondo Monetario Internacional para hacer frente a las pensiones en 1996.
A esta situación hay que añadir que España registra un paro cercano al 20%, que golpea sobre todo a los jóvenes y a los mayores de 45 años. Sin un modelo educativo claro y en una sola dirección, en contra de lo que ocurre en países europeos punteros en la enseñanza. Asimismo, España ha dilapidado miles de millones de euros en ayudar a otros países, mientras la pobreza campa a sus anchas en su propio territorio.
En cuanto a los funcionarios, la tónica sigue siendo la misma. Casi el 30% de los jóvenes pretende o sueña con vivir a costa del Estado, es decir, ser funcionarios, sin que haya un verdadero sistema dirigido a una economía de mercado y más aún cuando los empresarios modélicos se cuentan con los dedos de una mano. Y es que, en la propia educación se denosta al empresario, al que se ve como un dictador con un ejército de trabajadores esclavos, mientras se muestra a los sindicatos como los verdaderos salvadores de la sociedad, pese a que han vivido a costa de la subvención durante años.
Desde su llegada a La Moncloa, el Gobierno de Mariano Rajoy ha abandonado las políticas liberales para formar parte del centro izquierda. Se oponía a las subidas de impuestos, prometía beneficios fiscales a la contratación, aseguró que no iba a tocar ni el IVA ni el IRPF, y afirmó que creará dos millones de empleos, entre otras grandes promesas. La realidad: ha subido los impuestos al nivel más alto de la democracia, subió el IVA y el IRPF. Ahora aumentará el Impuesto de Sociedades eliminando exenciones y otros beneficios fiscales, al tiempo que ha incrementado el salario mínimo interprofesional, una barrera directa a la contratación de los empleos menos cualificados, que terminarán por desaparecer, afectado directamente a quienes no tienen estudios, y por tanto menos oportunidades para adentrarse en el mercado laboral.
Asimismo, no rebaja el ejército de funcionarios, que ronda los tres millones de personas, pese a que existen puestos totalmente improductivos. Y es que, según se atribuye a Cicerón, funcionarios improductivos existen desde hace más de dos milenios.
Todo ello sumado a recortes tras recortes debido al exponencial incremento de la deuda, cuyos intereses se han podido controlar gracias a la actuación concertada del Banco Central Europeo con otros bancos centrales, y no por poner en marcha reformas de calado. De momento, solo parches para lo que necesita España, que no es otra cosa que dar libertad a los empresarios para poder contratar sin barreras ni obstáculos, permitir la una verdadera competencia, alejada del actual sistema de capitalismo de amiguetes, y hacer que las empresas no tengan límites para crecer y ser aún más grandes.
Pero no, el Gobierno de Mariano Rajoy ha tomado el mismo camino que la Roma del año 55 antes de Cristo. Un craso error que afectará precisamente a quienes son los verdaderos creadores de empleo: las empresas.

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