Eliseo Bayo
En cincuenta años el pueblo de los Estados Unidos fue obligado cuatro veces a implicarse en guerras que no eran de su incumbencia y en las que no deseaba inmiscuirse. No era del interés del pueblo norteamericano ir a la I Guerra Mundial, ni a la II GM, ni a la Guerra de Corea y a la siguiente en Vietnam; no lo fue invadir y destruir Irak, ni entrar en la guerra larga de Afganistán. No lo es llevar la iniciativa para borrar del mapa a Siria, con su política escandalosa de financiar al Estado Islámico y sembrar el terror en todas partes al mismo tiempo que el Gobierno de los Estados Unidos pretende presentarse como el adalid de la lucha contra el “terrorismo islámico”.
En cada ocasión la misma élite corporativa industrial financiera llevó a la guerra al pueblo norteamericano -financiada con sus impuestos-, a espalda del Congreso, violando la forma prescrita por la Constitución.
El Club de los banqueros de Wall Street financió la Revolución Bolchevique para desplazar a los ingleses de sus intereses imperiales en Asia
Un poder detrás del Gobierno maneja a los Presidentes que han llegado al poder para servirlo. El Departamento de Estado, desde el inicio del Siglo XX, y las distintas Agencias de Inteligencia pertenecen a Organizaciones, Fundaciones y Lobbys, una mampara de los grandes grupos industrial-financieros que dirigen la política internacional como una prolongación de sus intereses. Ya es sabido -por documentos oficiales- que desde 1900, cada Presidente, con la posible excepción de Theodore Roosevelt -que tenía otros amos-, marioneta de los intereses de Morgan, y cada Secretario de Estado de los Estados Unidos, han sido abiertamente agentes y portavoces del Imperio Rockefeller. La Revolución Rusa de 1905-06 se precipitó con la ayuda de Kuhn Loeb&Co, banquero de Rockefeller, con la idea de apoderarse del petróleo del Cáucaso y los territorios adyacentes.
En la Gran Guerra Rockefeller ayudó a los alemanes y les facilitó el petróleo que necesitaban para la guerra contra los ingleses sin alcanzar la victoria, a fin de que se destruyeran mutuamente y luego ir al rescate del más débil de los dos, usando a los Estados Unidos, para alcanzar su propio beneficio. El precio de la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra fue el petróleo de Arabia Saudí y otras concesiones para Rockefeller.
El Club de los banqueros de Wall Street financió la Revolución Bolchevique para desplazar a los ingleses de sus intereses imperiales en Asia. Se hundió el Imperio Austro-húngaro. El Tratado de Versalles preparó el escenario de la II Guerra Mundial. Las grandes corporaciones industrial financieras norteamericanas financiaron a Hitler, se provocó la II Guerra Mundial y la entrada de los Estados Unidos en ella a través de la trampa de Pearl Harbor. Millones de personas murieron no por la libertad sino por las rivalidades entre Imperio privado de Inglaterra y el de los Estados Unidos. La guerra es lo cotidiano, y se hace siempre a espalda de los pueblos y con la complicidad de los Parlamentos que supuestamente los representan.
Ahora vayamos a la actualidad
Ya no hay lugar a engaño, nadie puede cerrar los ojos o mirar a otro lado. Las mentiras y los crímenes de ayer, ahora descubiertos, deberían servir para no esperar a que se sepa la verdad de lo que está ocurriendo en Siria, y la gravedad de la situación internacional que puede provocar la matanza de millones de personas por los mismos que antes mintieron y mataron. Ahora se sabe, oficialmente, que los aliados occidentales -liderados por Estados Unidos, Francia y Reino Unido– apoyaron y armaron a los rebeldes de Al-Qaeda para derribar a Gaddafi y destruir un país rico y estable, ahora convertido en un infierno. Siria es una repetición perversa de aquellas mentiras.
No hace falta tener excesiva cultura histórica para saber que los gobiernos democráticos, en las cuestiones más importantes, deciden con el conocimiento del Parlamento al que han manipulado previamente para llevar a cabo sus “políticas secretas” que no coinciden con los intereses generales del país.
El Parlamento Británico acaba de publicar un informe cuya introducción anuncia lo que se dirá en las páginas siguientes. “En marzo de 2011, el Reino Unido y Francia, con el apoyo de los Estados Unidos dirigieron el apoyo de la comunidad internacional para intervenir en Libia a fin de proteger a la población civil de los ataques efectuados por las fuerzas leales a Muammar Gaddafi. Esta política no estaba basada en una información precisa de Inteligencia”. Estaba fundada en mentiras. Gaddaffi no había ordenado la matanza de civiles en Benghazzi (que fue el pretexto para derrocarlo). El régimen de Gaddafi había recuperado sin daño de la población civil las ciudades tomadas por los rebeldes. Amnistía Internacional no corroboró las alegaciones de violación de derechos humanos por las tropas de Gaddafi. Estaba luchando contra los terroristas islamistas fortificados en Benghazi y contra los miembros de Al-Qaeda que participaban en la rebelión contra el régimen. El informe del Parlamento Británico -del que salen mal parados Cameron, Sarkozy y Hillary Clinton– desmonta un cúmulo de mentiras que la opinión pública, cada vez más manipulable, se tragó para justificar la guerra contra Libia, como antes se tragó el cuento de las “armas de destrucción masiva” en Irak, y la macabra destrucción de las Torres Gemelas.
La Intervención no estaba dirigida por una estrategia para apoyar y formar una Libia post Gaddafi. No se trataba de “llevar la democracia a Libia”, sino de destruir el país, aniquilar a sus dirigentes legales, y apoderarse de sus riquezas: el petróleo y los Fondos monetarios del Estado.
El resultado fue el colapso político y económico, la guerra entre las milicias y entre las tribus, las crisis humanitaria y emigratoria, la propagación de violaciones de los derechos humanos, la dispersión del armamento del Régimen de Gaddafi por la región y el crecimiento del ISIL en el Norte de África. El primer responsable del fallo en el desarrollo de una estrategia coherente en Libia fue el Primer Ministro David Cameron”. Ya es el segundo Primer Ministro británico, tras Tony Blair por su decisión de ir a la guerra de Irak, que es desautorizado en sede parlamentaria. A buenas horas…(En España, José María Aznar no quiere darse por enterado de su activa participación en la guerra ilegal).
Así acabó el intento modernizador de Gaddafi, sacrificado como un perro ante las cámaras de las televisiones del mundo
La Cámara de los Comunes publicó el 14 de septiembre de 2016 el informe de su Comité de Asuntos exteriores tras las discusiones y estudio de las informaciones desclasificadas, titulado “Libia: Examen de la Intervención y Colapso, y el futuro de las opciones políticas del Reino Unido”. Forman parte del Comité los parlamentarios siguientes: Crispin Blunt (conservador), Mr. John Baron (conservador), Rt. Hon Ann Clwyd (laborista), Mikes Gapes (laborista), Stephen Gethins (Partido Nacional Escocés), Mr Mark Hendrick (laborista), Adam Holloway (conservador), Daniel Kawczynski (conservador), Yasmin Qureshi (laborista), Andrew Rosidenll (conservador) y Nadim Zahawi (conservador). Hubo ocho sesiones orales de evidencias entre octubre de 2015 y febrero de 2016 y se convocó a decenas de personalidades políticas para que dieran su testimonio. Los miembros del Comité no pudieron viajar también a Libia, sin duda temerosos de su vida.
La iniciativa para la intervención partió de Francia, cuyo gobierno propuso, junto a Líbano y al Reino Unido, la Resolución 1973 en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ningún miembro del Consejo de Seguridad se opuso a la intervención. China y Rusia se abstuvieron, junto Brasil, Alemania e India.
En diciembre de 2015 se conocieron los verdaderos motivos de Francia para intervenir en Libia. El 2 de abril de 2011, Sidney Blumenthal, consejero privado de análisis de Inteligencia de la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton, la informó de la conversación que tuvo con oficiales de inteligencia franceses, quienes le dijeron que los planes de Sarkozy para invadir Libia estaban guiados por los siguientes motivos: a) deseo de obtener una mayor participación en la producción de petróleo de Libia, b) incrementar la influencia francesa en el Norte de África, c) mejorar su situación política interna en Francia, d) facilitar a los militares franceses una oportunidad para reafirmar su posición en el mundo, e) atender la preocupación de sus consejeros sobre los planes de Gaddafi a largo plazo para suplantar a Francia como potencia dominante en la Africa francófona.
El Reino Unido se limitó a seguir las decisiones tomadas por Francia. Empezaron las acciones de guerra para apoyar a los rebeldes y derrocar a un presidente que cumplía sus obligaciones internacionales. Así acabó el intento modernizador de Gaddafi, sacrificado como un perro ante las cámaras de las televisiones del mundo. La gente debería haber aprendido lecciones morales de aquel hecho, pero miró a otra parte. Se alimenta de tantas mentiras que ha perdido su propia identidad. Ya no sabe quién es.
A finales de los 90 Libia había normalizado sus relaciones internacionales. Al acabar la primera década del siglo Gaddafi era presidente de la Unión Africana y dirigió la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York. En 2010 la economía de Libia generó unos 75 mil millones de dólares de producto interior bruto. La renta per cápita era unos 12.250 dólares, comparable al promedio de algunos países europeos. El gobierno libio empleó los superávit en un Fondo Soberano que en 2010 sumaba 53.000 millones de dólares. El Informe de las Naciones Unidas de ese año situó a Libia en el puesto 53 en la lista de los países más avanzados en el mundo por el desarrollo humano y como el país más avanzado de África. Son conocidas sus grandes obras de infraestructuras de todo tipo.
En 2016 la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios estimó que casi la mitad de la población de Libia (3 millones de 6.3 millones de población total) había sufrido los efectos del conflicto armado y de la inestabilidad política, y que 2.4 millones de personas necesitaban protección y alguna forma de asistencia humanitaria; más de 400.000 se hallan desplazadas, continúan la impunidad, la detención arbitraria, los asesinatos, los secuestros y desapariciones y el desplazamiento forzoso.
Clinton es la responsable de haber creado un Estado fallido
Las bandas criminales que trafican con personas se benefician de la falta de gobierno efectivo desde 2011, y hacen de Libia la principal ruta de tránsito para la inmigración ilegal a Europa. El ISIL emergió en 2014 sobre otros grupos terroristas para tomar el control del territorio alrededor de Sirte e instalar campamentos de entrenamiento para terroristas.
El informe del Comité de Asuntos Exteriores escribe textualmente que en abril de 2016, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, describió la situación de Libia tras la intervención como un “espectáculo de mierda” (shit show), aunque se calla la directa intervención que tuvo en ese espectáculo su protegida Hillary Clinton, sin duda una de las personas políticas más despreciables del siglo XX. Esto, naturalmente, no lo dice el Informe del Comité. Lo que sí aclara es la responsabilidad directa de la CIA y del Presidente Obama en armar y proteger a los militantes de Al-Qaeda para derribar a Gaddafi. La Administración Obama permitió que los Emiratos Árabes Unidos enviaran cargamentos de armas por valor de 1.000 millones de dólares a los militares de Al-Qaeda. El Informe reproduce las declaraciones de Clare López, miembro de la Comisión y ex oficial de la CIA, ante la Comisión del Senado norteamericano, en 2014: “Hay que recordar que las fuerzas armadas norteamericanas, encargadas de bloquear el acceso por mar y aire, permitieron la entrada de aquellos cargamentos de armas en Benghazi,.. Sabían la procedencia de las armas y lo permitieron… La comunidad de Inteligencia formaba parte de esto, el Departamento de Estado era parte de esto, y ciertamente esto significa que el más alto liderazgo de los Estados Unidos, el liderazgo de nuestra seguridad nacional, y potencialmente el Congreso -si fue informado de esto- también lo conocía”. La ex agente de la CIA, Wayne Simmons, que participó en la Comisión de investigación, dijo: “Esto suena a traición”.
La Resolución 1973 ordenó a los Estados miembros de las Naciones Unidas a asegurar “el estricto cumplimiento del embargo de armas”. Sin embargo, ahora se dice, oficialmente, que la comunidad internacional cerró los ojos a la entrega de armas a los rebeldes. Lord Richards aclaró rotundamente “el grado en el que los Emiratos Árabes participaron en el éxito de la operación terrestre. Por ejemplo, Qatar suministró misiles franceses Milan anti-tanques a grupos rebeldes, aunque se dijo que las armas iban destinadas a las milicias y no a los rebeldes”. El papel de Hillary Clinton fue decisivo al convencer a Obama para que se uniera a los aliados para bombardear a las fuerzas de Gaddafi.
Hilary Clinton es la responsable de haber creado un Estado fallido, a la imagen de Irak y de Afganistán. No sólo es un halcón que representa los intereses de las fuerzas más negras, sino los suyos propios, ya que ha amasado una inmensa fortuna personal sobre las ruinas de los países. Probablemente no tendrá tiempo de disfrutarla, pero la semilla del mal que sembró seguirá produciendo frutos amargos.


