El Gobierno de EE UU, presidido por Donald Trump, ha impuesto esta madrugada aranceles a la importación de productos chinos por un valor de 29.000 millones de euros al cambio actual. China ha afirmado que responderá a esta guerra comercial con «contraataques necesarios».
Los nuevos aranceles ya han entrado en vigor y suponen el inicio de una guerra comercial entre ambas potencias, más cuando los productos chinos cuentan con la ayuda financiera del Estado, motivo por el que se ha incrementado el impuesto a la importación.
En esta primera oleada de subida de aranceles se ven afectados hasta 818 categorías de bienes importados, principalmente usados en la industria y tecnología, junto a bienes de consumo, como bombillas de luz LED y cigarrillos electrónicos, entre otros.
Este impuesto sancionará en un 25% el montante a las importaciones desde China, con un valor de 34.000 millones de dólares, unos 29.000 millones de euros al cambio actual, aunque la intención de Trump es elevarlos a los 50.000 millones de dólares, unos 42.700 millones de euros al cambio actual.
Los otros 21.ooo millones de euros se aplicarán en apenas dos semanas, según ha afirmado Trump. En caso de que China dé una respuesta a estos impuestos, EE UU incrementará la presión a los 200.000 millones de dólares, para después volverlos a subir a 300.000.
Las consecuencias de estos aranceles se verían en el crecimiento de China, que se reduciría en dos décimas, al 6,3% desde el 6,5% que se espera que cierre el año, según los expertos de Bloomberg.
Freno en el crecimiento de China, pérdidas de empleo, castigo a los sectores afectados y subidas de precio
China, que no se muestra favorable a la guerra comercial, ha anunciado ya que responderá a las medidas de Trump, aunque ya están en el punto de mira la carne de cerdo, el trigo, el arroz, la soja y lácteos, ingredientes principales de su dieta habitual. El gigante asiático riega de liquidez pública numerosos sectores de su industria para incrementar la productividad y obtener una gran ventaja comercial en plena globalización.
«Las medidas de EE UU están esencialmente atacando las cadenas de suministro y de valor globales. Están abriendo fuego contra todo el mundo, incluido contra ellos mismos», ha asegurado un alto cargo chino.
El centro de estudios Peterson Insitute for International Economics, con sede en Washington, ha asegurado que estos movimientos no tendrán impacto a nivel macroeconómico, pero afectará a las empresas de los sectores perjudicados, subida de precios en EE UU, freno de las inversiones y menos empleos. A juicio de la investigadora del instituto Monica de Bolle, estos aranceles son «el comienzo de una guerra comercial entre EE UU y China».
«Cuando uno castiga y el otro toma represalias, los dos países entran en una guerra comercial. Era esperada, no me sorprende: China y Estados Unidos no están negociando, solo atacando», ha señalado De Bolle a Efe.
Trump no descarta imponer más aranceles si China responde
De hecho, Trump ya amenazó con una nueva remesa de aranceles a otras exportaciones chinas que totalizan unos 200.000 millones de dólares en caso que el Gobierno de Xi Jinping responda a las sanciones que entrarán en efecto en las próximas horas. A pesar de estar de acuerdo con que China es una «amenaza» para la economía estadounidense, la Fundación de Tecnología de la Información e Innovación de EE.UU. (ITIF, en inglés) considera que «existe una amplia gama de herramientas más allá de los aranceles que pueden abordar de manera efectiva las distorsiones comerciales».
«Estados Unidos debe ser el líder de un orden económico liberal e internacional en el que menos naciones adoptan prácticas mercantilistas, un enfoque que ha producido una enorme riqueza para nosotros y nuestros socios comerciales aliados», señaló hoy en un comunicado Stephen Ezell, vicepresidente de la ITIF.
Además de las consecuencias en las economías de ambos países, la guerra comercial entre EE.UU. y China afectará al funcionamiento del comercio global, tal como han previsto numerosas organizaciones multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Con ese análisis coincidió De Bolle, que explicó que hoy en día el comercio «está muy interconectado a nivel mundial», por lo que este conflicto económico «creará inestabilidad y aumentará el nivel de alteración en el sistema global».


