Una guerra mundial ha comenzado: «El peligro no es Trump sino Hillary Clinton»

Noticias 31/10/2016

John Pilger ha alertado del inicio de una nueva guerra mundial. A juicio de este escritor y reconocido documentalista, esta guerra se basa en la propaganda, mentiras y distracciones -como está ocurriendo con Hillary Clinton- pero que puede cambiar con una orden errónea o el lanzamiento de un misil.

En 2009, el presidente Obama se presentó ante una multitud en el corazón de Europa donde se comprometió a construir ‘un mundo libre de armas nucleares’. Le ovacionaron e incluso hubo a quien se le cayeron las lágrimas, más con el apoyo de importantes medios de comunicación. Tras esta carta de intenciones, a Obama se le concedió el Premio Nobel de la Paz. «Todo era una patraña. Obama estaba mintiendo», ha asegurado el escritor en un discurso en la Universidad de Australia

De hecho, tal es la mentira de Obama que bajo su mandato se ha producido el mayor incremento gasto en armamento nuclear de la historia reciente de EE UU. «Ningún presidente ha aumentado tanto el gasto en cabezas nucleares como lo ha hecho el Gobierno de Obama», ha afirmado. En 30 años, EE UU se ha gastado más de un billón de dólares solo en armas nucleares. De hecho, el New York Times mostró en gráficos este incremento en armamento nuclear.

Según ha asegurado, existen «planes para la construcción de una bomba nuclear en miniatura», conocida como «B61 modelo 12». «Nunca ha habido nada parecido», se muestra sorprendido, al tiempo que ha afirmado que el general James Cartwright, ex vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, aseguró que reducir el tamaño de la bomba nuclear hace que «el uso de este arma sea más posible».

Para continuar con su argumento, el documentalista afirma que EE UU ha realizado en la frontera Occidental de Rusia la mayor concentración de tropas desde la Segunda Guerra Mundial. «Desde la invasión de la Unión Soviética por los ejércitos de Hitler, ninguna fuerza militar extranjera ha montado semejante amenaza demostrable contra Rusia», ha asegurado.

Asimismo, asegura que Ucrania «se ha convertido en un parque temático de la CIA», mientras señala a Washington de haber ejecutado un golpe de Estado en Kiev, desde donde controla a Rusia. «Un régimen literalmente plagado de nazis. Las figuras parlamentarias prominentes de Ucrania son descendientes políticos de los conocidos grupos fascistas OUN [Organización de Nacionalistas Ucranianos] y UPA [Ejército Insurgente Ucraniano], que elogian públicamente a Hitler y llaman a la persecución y expulsión de la minoría rusohablante».

Occidente ha silenciado sobre este asunto o se ha tergiversado para evitar que se conozca la verdad. «En Letonia y Estonia –países vecinos de Rusia– el poder militar de Estados Unidos está desplegando fuerzas de combate, tanques y armamento pesado. Esta provocación extrema de la que es objeto la segunda potencia nuclear del globo es recibida en Occidente sin que se haga oír una sola voz», ha continuado.

China, país con el estatus de «amenaza»

«Casi no pasa un día en el que no se coloque a China en el estatus de «amenaza». Según el almirante Harry Harris, comandante estadounidense de la zona Pacífico, China está «levantando un gran muro de arena en el mar de China Meridional»», ha afirmado, al tiempo que indica que se refiere «a la construcción de pistas de aterrizaje en las islas Spratly, que son objeto de disputa con Filipinas, una disputa que pasó desapercibida hasta que Washington presionó y sobornó al gobierno de Manila, y el Pentágono lanzó una campaña propagandista llamada «libertad de navegación»».

«¿Qué significa esto en realidad? Significa que los barcos de guerra estadounidenses tengan libertad para patrullar y dominar el litoral marítimo chino», ha continuado. En este sentido, deja caer que ocurriría si buques de guerra chinos patrullasen por las costas de California.

En esta guerra de propaganda afirma, tras hablar con influyentes periodistas de la BBC o The Observer, que incluso se podría haber evitado la invasión de Irak si los medios hubieran cuestionado las mentiras de George W. Bush y Tony Blair y si no se hubieran hecho eco de las mismas. El resultado sería que cientos de miles de personas seguirían vivos a día de hoy.

Según indica, la guerra de la propaganda se está librando en los mismos términos contra Rusia y China. De momento, ningún periodista se está preguntando por qué China está construyendo aeródromos en el mar de China Meridional. La respuesta es que EE UU está rodeando al gigante asiático «con una red de bases militares, misiles balísticos, unidades de combate, aviones de bombardeo que transportan bombas nucleares».

«Este mortífero arco, que comprende Australia, las islas del Pacífico, las Marianas y Guam, Filipinas, Thailandia, Okinawa, Corea del Sur y, ya en Eurasia, también Afganistán e India. Estados Unidos ha puesto una daga en el cuello de China. Pero esto no es noticia. Silencio mediático; guerra mediática», ha continuado.

Con mucho secretismo, en 2015, Estados Unidos y Australia realizaron los mayores ejercicios aeronavales de los últimos años, fueron conocidos como ‘Sable talismán’. «Su finalidad era mejorar los planes de guerra aeronaval y de bloqueo de corredores marítimos –como los estrechos de Malaca y de Lombok– para cortar el acceso de China al petróleo, al gas y a otras materias primas de Oriente Medio y África», ha considerado.

Asimismo, se ha presentado en este circo mediático a Donald Trump como un «loco» o un «fascista», pero es alguien que odia a los medios. Esto solo ya despertaría nuestro escepticismo.

«Los puntos de vista de Trump sobre la inmigración son grotescos, pero no mucho más que los de David Cameron», ha comentado. «Trump no es el Gran Deportador de Estados Unidos; sí lo es el ganador del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama», ha continuado.

Según un gran comentarista liberal, Trump está «desencadenando las fuerzas oscuras de la violencia» de Estados Unidos. ¿Desencadenándolas? Este es el país donde los bebés le disparan a su madre y la policía está empeñada en una guerra asesina contra los estadounidenses negros.

Clinton personifica la resiliencia y la violencia

«Este es el país que ha atacado y tratado de derribar a más de 50 gobiernos, muchos de ellos elegidos democráticamente, y bombardeado desde Asia a Oriente Medio, provocando la muerte y la miseria de millones de personas», ha apuntado.

«Ningún país puede igualar este sistemático récord de violencia. La mayor parte de las guerras de Estados Unidos (casi todas ellas contra países indefensos) no han sido iniciadas por presidentes republicanos sino por demócratas liberales: Truman, Kennedy, Johnson, Carter, Clinton, Obama«, ha destacado.

En 1947, una serie de directivas del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés) describieron los principales objetivos de la política exterior de Estados Unidos como [la construcción de] un mundo sustancialmente hecho a nuestra propia imagen». La ideología era mesianismo estadounidense. Todos éramos estadounidenses. U otra cosa. Los herejes serían convertidos, subvertidos, comprados, difamados o aplastados.

Donald Trump es un síntoma de esta actitud, pero también es un disidente. Dice que la invasión de Iraq fue un crimen; él no quiere entrar en guerra con Rusia y China. Para nosotros, el peligro no es Trump sino Hillary Cliton. Ella no es una disidente. «Ella personifica la resiliencia y la violencia de un sistema cuyo cacareado «excepcionalismo» es totalitario con un ocasional rostro liberal», ha asegurado.

«Según se acerque el día de las elecciones, Clinton será saludada como la primera mujer en la Oficina Oval, sin que importen sus crímenes y mentiras; tal como fue alabado Barack Obama por ser el primer presidente negro, y los progresistas se tragaron sus tonterías sobre la «esperanza». Y las bobadas continúan», ha destacado

Descrito por el columnista de The Guardian Owen Jones como «divertido, encantador, con una falta de formalidad de la que escapan prácticamente todos los políticos», al día siguiente Obama envió unos drones para asesinar a 150 personas en Somalia. Acostumbra a matar los martes, según el New York Times, cuando le entregan una lista de candidatos a ser asesinados por medio de drones. Es un tío muy legal.

En 2008, en su campaña presidencial, Hillary Clinton amenazó a Irán con «destruirlo completamente» con armas nucleares. Como secretaria de Estado en el gobierno Obama, ella participó en el derribo del gobierno democrático de Honduras. Su contribución en la destrucción de Libia, en 2011, fue casi jubilosa. Cuando el líder libio, el coronel Gaddafi, fue sodomizado en público con un cuchillo –un crimen que solo fue posible gracias a la logística estadounidense–, Clinton se regodeó diciendo: «Nosotros llegamos, lo vimos y él murió».

Una de las más estrechas aliadas de Clinton es Madeleine Albright, la ex secretaria de Estado, que ha atacado a algunas jóvenes mujeres por no apoyar a «Hillary». Es la misma Madeleine Albright que celebró infamemente por la televisión la muerte de medio millón de niños iraquíes diciendo «valió la pena».

Entre los más grandes apoyos de Clinton están los grupos de presión israelíes y las empresas fabicantes del armamento que alimenta la violencia en Oriente Medio. Ella y su marido han recibido una fortuna proveniente de Wall Sreet. Aun así, ella está a punto de ser consagrada candidata de las mujeres para deshacerse del maligno Trump, el demonio oficial. Entre las seguidoras de Hillary hay distinguidas feministas: como Gloria Steinem, de Estados Unidos, y Anne Summers, de Australia.

Hace una generación, una corriente de pensamiento postmoderno ahora conocido como «política identitaria» hizo que muchas personas inteligentes y de mente progresista se inhibieran de analizar las causas y las figuras que ellas apoyaban –los impostores de Obama y Clinton; los falsos movimientos progresistas como Syriza, en Grecia, que traicionaron al pueblo de ese país y se aliaron con sus enemigos.

La autoabsorción –una especie de exaltación de mí mismo– se convirtió en el nuevo Zeitgeist (tiempo del espíritu) en las privilegiadas sociedades occidentales y marcó la desaparición de los grandes movimientos contra la guerra, la injusticia social, la desigualdad, el racismo y el sexismo.

Hoy en día, la larga siesta podría estar acabando. La juventud está volviendo a despertar. Poco a poco. Los miles de jóvenes que en Gran Bretaña apoyaron a Jeremy Corbyn como líder laborista forman parte de este despertar, al igual que aquellos que acudieron para apoyar al senador Bernie Sanders.

No obstante, la semana pasada, en Gran Bretaña, el aliado más cercano a Jeremy Corbyn, su tesorero en la sombra John McDonnell, implicó a un gobierno laborista en la cancelación de la deuda de la banca pirata y, de hecho, en la continuación de la llamada austeridad.

Y en Estados Unidos, Bernie Sanders prometió apoyar a Clinton en el caso de que sea nominada. Él, también, ha votado por el empleo de la fuerza contra algunos países cuando, según su parecer, sea «correcto». Dice que Obama ha hecho «un gran trabajo».

En Australia hay una especie de política de la morgue, en la que se suceden tediosos juegos parlamentarios interpretados por los medios mientras los refugiados y los pueblos originarios son perseguidos y crece la desigualdad, al mismo tiempo que el peligro de una guerra. El gobierno de Malcom Turnbull acaba de anunciar el llamado presupuesto de la defensa de 195.000 millones de dólares, que es un impulso en la dirección de la guerra. El debate no existe. Silencio.

«¿Qué ha pasado con la gran tradición de la acción directa popular sin las limitaciones de los partidos? ¿Dónde están el coraje, la imaginación y el compromiso necesarios para iniciar un largo viaje hacia un mundo mejor, justo y pacífico? ¿Dónde están los disidentes en el arte, el cine, el teatro, la literatura? ¿Dónde están aquellos que harán pedazos el silencio? ¿O estamos esperando a que se dispare el primer misil nuclear?», se pregunta.

John Pilger pronunció en la Universidad de Sydney, Australia; su título era ‘Ha empezado una guerra mundial’.

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