La última ‘mártir’ del independentismo, víctima de la catalanofobia española, ha resultado ser una farsante al igual que la simpatizante de ERC de los dedos rotos o las pasajeras de un vuelo de Vueling que hicieron vivir una pesadilla a una azafata.
Alba Luna Suárez, una catalana casada con un asturiano, fue a comer al restaurante El Candil y, a la salida, colgó un vídeo en sus redes sociales denunciando que la habían echado «a patadas» por ser catalana, un vídeo que tiene más de 121.000 visitas.
La prensa asturiana empezó a recopilar los testimonios del dueño y de varios testigos de la escena hasta descubrir que la historia no era como la había contado.
Alba Luna Suárez se metió en la conversación de la mesa de al lado, en la que comía una familia (padre, madre, dos hijos y una cuñada, uno de ellos trabajando de funcionario en Vic) que estaba comentando las elecciones de un día antes. Ella les recriminó que estaban hablando mal de Cataluña y cuando uno de los comensales le dijo que era una conversación privada, se puso hecha una furia y acabó tirando una copa de vino a la mesa vecina y yéndose del restaurante sin pagar lo consumido hasta entonces: el primer plato y una botella de vino. El dueño, José Luis Camacho, ha denunciado a la joven por impago y daños, ya que hay comentarios negativos del restaurante en Tripadvisor.


