Hace unas semanas hablaba aquí mismo de un bebé de un año, aquejado de una enfermedad neurológica degenerativa, al que un hospital canadiense quería retirar el respirador para acelerar su muerte; y esto en contra de la voluntad de sus padres. Ante esa perspectiva los padres se trasladaron a Estados Unidos, y su hijo se encuentra ya en su casa y respirando solo, después de que el 21 de marzo se le realizara en un hospital americano una simple traqueotomía.
Ante una cultura de la muerte que se va metiendo en nuestra sociedad, es alentador encontrar tantos padres que, como en este caso, luchan con fuerza para defender la vida de sus hijos más necesitados.


