Esta es nuestra hemeroteca de contenidos hasta diciembre de 2023. Para ver las últimas publicaciones, accede a intereconomia.com.

No era un mundo feliz pero sí el que nos gusta recordar

No les voy a hablar hoy en este blog de la coyuntura económica, ni de expectativas sobre la guerra comercial, ni mucho menos del desafío que representa la fusión PSOE-Unidas Podemos, y lo podría hacer porque nos han dejado la libertad necesaria para hacerlo.

Hace unos días un caballero con muchos años de experiencia a sus espaldas y fiel seguidor de CDM me escribió un email donde relataba que le gustaría volver a los buenos tiempos de la bolsa. A aquellos años 80 en los que los «agentes de bolsa» se agolpaban en salas llenas de «ilusión» y de humo de «Ducados», donde tronaba el sonido de las máquinas de contabilidad antes incluso de las primeras calculadoras, y de cuando los acuerdos había que cerrarlos «cerrando» después unos cuantos bares.

Eran los tiempos previos al nacimiento del Ibex 35 en 1992. Los mejores años en la historia de la bolsa española, cuando los «agentes de bolsa» compraban el «papel» que emitían empresas como Gas Madrid, Banco de Vitoria o Azcoyen y lo «colocaban» entre las grandes fortunas del país. Finalizaba ese correo electrónico  quejándose de que ahora «lo único que hacen todos es estar pegados a la pantalla del ordenador como tontos, dejando hacer a los algoritmos y otras cosas raras».

Sí, pensé yo, otro que quiere volver a los 80. Y, ¿Por qué esa obsesión por los 80 y no por los 90 o los 2000? Ya me había olvidado de los algoritmos y, casi de fumar, cuando caí en la cuenta de que los 80 o más bien su reinterpretación nostálgica y mercantilista están por todas partes. En la televisión, en el cine, en las tiendas de ropa, en las consolas de videojuegos. A finales de los 80 yo todavía no había cumplido los 18 años, así que no puedo decir que viví los 80 con el certificado que daría medio lustro más. Sin embargo, con el paso de los años, con la llegada de los «algortimos» y los «cigarrillos electrónicos» entiendo cuando el caballero se refiere a su pasado con una buena dosis de nostalgia, probablemente como respuesta a un presente insatisfactorio y un futuro que intuye incierto y amenazante. El recuerdo de una época percibida como más sencilla, mas estable y auténtica, frente a un presente rápido, vertiginoso, y también más confuso y amenazador manejado por los «algortimos». A juzgar por su siguiente email, seguía echando de menos ese tiempo.

Noticias relacionadas

Últimas noticias

Newsletter

Toda la actualidad en una Newsletter

Siempre al día con la mejor información económica, junto con las últimas noticias y evento, para que no te pierdas nada.