Las bolsas han entrado en esa dinámica que puede parecer tan soporífera de un día arriba y otro abajo y que no es más que la versión reducida de las últimas semanas; el sube y baja aunque en sigue predominando, en líneas generales, el optimismo porque hay liquidez, hay datos macro que están aguantando bien la coyuntura, la curva descendente de futuros beneficios de las empresas también se está aplanando y, si no es todos los días, casi todos, tenemos alguna noticia positiva en el campo médico.
Dinero hay de sobra y será el principal sustento de las bolsas. El problema será cuando haya que ver que se hace con todas esas deudas. Pero no, eso ahora no es lo que toca. Y tampoco es lo que se lleva. Hay que inyectar, hay que invertir y hay que gastar y, gastar bien, que no debería ser tan fácil. Lo dicen algunos manuales y lo han hecho suyo la mayoría de los grandes empresarios que participan en la histórica cumbre organizada por la CEOE. No sólo le han marcado líneas rojas al gobierno de Pedro Sánchez con la contra- reforma laboral o han repudiado la subida de impuestos que prepara para las grandes empresas y en particular a los bancos. Cada uno dice lo que dice, que ya es más de lo que había antes y lo que daríamos por saber también lo que piensan. No forcemos. Lo que dicen es totalmente diferente a la crisis de 2008 y 2012 en el que las principales reivindicaciones pasaban por el abaratamiento del despido y la reducción del déficit público. En esta ocasión, lo que piden son estímulos públicos a través de los distintos programas aprobados tanto en Europa como en España y una mayor colaboración público-privada. Si en la anterior crisis había que desmontar y rebajar el peso del estado ahora los grandes del Ibex creen que sin el estado no saldremos de la crisis.
A ver si es verdad que esta crisis lo va a cambiar todo. De la parte negativa y el problema más serio que tienen las bolsas para alcanzar el triunfo y la victoria ya lo saben ustedes.
