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Los mantras

El ‘hacer lo que sea necesario’ fue el mantra de las autoridades políticas, económicas y monetarias en los penúltimos episodios de crisis, las de deuda en Europa y la financiera mundial. Ese ‘lo que haga falta’ derivó años más tarde en un ‘vigilar de cerca los efectos secundarios de nuestras políticas’. Nos hartamos de ver tipos negativos en renta fija, a ahorradores pagando el interés por hacerse con un bono alemán o a los bancos pagando por depositar su dinero en la ventanilla del Banco Central Europeo. Lo anormal, lo nunca visto hasta entonces.

Si aplicas políticas extraordinarias, es de esperar que el resultado de las mismas sea también extraordinario. Lo fue tanto que no se encontró algo de lo que se buscaba, más allá del prestar socorro a bancos o estados con problemas. Por ejemplo, ni de lejos se creó inflación para luego controlarla. Sí la hubo en activos, gracias a las mangueras de liquidez.

Aquella vigilancia en eso quedó, en ojear pero luego no torear. Se ha seguido imprimiendo mucho dinero. Antes del virus se cuestionaba la enorme deuda mundial. Si el pasivo era entonces insostenible ahora va a ser más insostenible por dos o más. Pero la solución es más deuda. Deuda que se va a tener que pagar pese a que hay demasiado moroso recibiendo más dinero. Es lo que pasa cuando se está muy preocupado por proteger la cabeza. También nos pueden cortar los pies. Si ya se vieron, en su día, cosas impensables con los tipos negativos ahora nos ponen sobre la mesa precios del petróleo por debajo de cero. Vamos a tener que usar como escala para muchos activos los grados Celsius.

Arabia Saudí respondía, ante lo visto estos días, diciendo que “algo habrá que hacer ante este baño de sangre” pero dejaba caer, al mismo tiempo, que puede que ya sea demasiado tarde. Puede que sea esa otra nueva normalidad para el futuro la que nos trae este convulso presente. Ya vendrá la OPEP, ese dinosaurio que se daba por extinguido, a decir que “hará lo que sea necesario” para revertir la situación y devolver los precios a niveles normales. Lo van a tener crudo, nunca mejor dicho.

Nada que comparar con nosotros, los países europeos y sus fábricas de deuda. En Credit Suisse, decían estos días que el riesgo asociado a un masivo endeudamiento derivado de las medidas y programas de estímulo de los diferentes estados será “limitado” en la economía mundial.

Recuerdan lo fácil. Que la sostenibilidad de la deuda no es un problema para los países que emiten bonos en su propia moneda, ya que tienen un banco central que les puede respaldar en última instancia. Siempre van a ser el primer y último recurso.

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