Muchas veces hemos escuchado peticiones para arrimar el hombro, hemos visto cómo se apelaba a la unidad ante una situación extrema, pero habitualmente se queda en eso, en buenas palabras.
Algunos se empeñan en que veamos a los bancos sólo como protagonistas del problema. Sin embargo, en una sociedad como la nuestra el sistema financiero es clave y por eso fue rescatado en la anterior crisis. Hasta ahí parece lógico, necesidad obliga.
Por eso resulta gratificante cuando escuchas palabras como las que ha pronunciado el consejero delegado de Caixabank esta misma semana. No es muy habitual y sí muy valiente escuchar a Gortázar confirmar que los créditos ICO que están concediendo no son buen negocio y que, a pesar de ello, a pesar de que el riesgo puede llegar al 40%, apuestan por la iniciativa y la toman, pese al riesgo, pese a las posibles pérdidas que les va a generar, como una herramienta útil y necesaria para la sociedad.
No sé qué van a decir ahora los que hablan de los banqueros despiadados y sin corazón después de escuchar a una de las personificaciones del «capital» llamando a la unión ante una desgracia de horribles proporciones, aceptando que le costará dinero, que lo perderá, pero poniendo por delante de su beneficio particular la salvación de la economía.
