La última en sumarse al mantra del dumping fiscal madrileño ha sido la ministra de economía. Nadia Calviño, interpelada por La Vanguardia para que se pronuncie, para que diga si esta práctica espuria tiene lugar en Madrid, pierde su independencia como miembro más técnico del gabinete, esa que le otorgaba venir de puestos técnicos europeos y, con disciplina de equipo, se limita a decir que comulga con todo lo que haya dicho al respecto la ministra de Hacienda.
Ni siquiera tiene la delicadeza de argumentar detalladamente cómo lleva a cabo Madrid esa indeseable práctica fiscal. Tan solo repite la lección de su comisaria política, para eso ha quedado la otrora prestigiosa economista que sentaba sus reales en direcciones generales europeas como la de competencia y la de presupuestos. Algo más detallada es cuando se le insiste. Pero entonces su argumento es falaz al señalar que «el gobierno tiene una posición muy activa en contra de aquellas estrategias que consisten en bajar impuestos para atraer actividad económica y es la misma que tenemos en el ámbito español». Y lo dice, así, sin rubor alguno.
Como si ese argumento justificara que millones de ciudadanos de a pie, de clase media baja y baja en su mayoría, tengan, por la voluntad de la señora Montero, que ya amargó la vida a los andaluces, que renunciar a las herencias de sus mayores. ¿Qué actividad económica se atrae al bonificar la sucesión de una familia de clase trabajadora? Los afectados son millones de ciudadanos que ni han cambiado ni van a cambiar de residencia por causas fiscales, por mucho que mientan desde el gobierno al argumentar una medida que tiene una clara intencionalidad política, quitarle Madrid a un PP que lo controla hace décadas. Porque en Moncloa parece que no se han hecho unas preguntas básicas. ¿Quién tiene liquidez para abonar los impuestos que surgen de un planteamiento cuasi-confiscatorio? ¿Qué pretenden, incautar las viviendas a las que renuncien esas familias humildes? Los impuestos de sucesiones, históricamente, surgieron para redistribuir al conjunto de la sociedad la riqueza de grandes patrimonios acumuladas en muy pocas manos, algo que, desde luego, no es el caso de la mayoría de los contribuyentes.
Otra cosa sería que hubiera unos umbrales a partir de los cuales se aplicara, cosa que no se plantea. También defienden que no es volver a tributar por lo mismo, que es una transferencia de riqueza, pero, se pongan como se pongan, si yo pago una cantidad importante por seguir teniendo en mi poder la casa de mi infancia, el hecho es que mis padres tributaron al ganar el dinero con el que compraron la casa, tributaron al comprar la casa y ahora pretenden que tribute ese mismo dinero por tercera vez. No señores del gobierno, esto no es redistribución, esto es un expolio y, les guste o no, afecta sobre todo a los que dicen defender, a los que menos tienen que, como siempre, son los que menos herramientas tienen para jugar con los resquicios de la ley. Si se salen con la suya y doblegan la voluntad fiscal de Madrid, el gobierno estará empobreciendo a los más pobres.
